Prioridad evangélica

A muchos les sonarán dos temas que parecen enfrentarse últimamente. Por un lado, la regularización de personas migrantes; por otro, la «prioridad nacional». En medio, otra voz de la Iglesia trata de clarificar. Recientemente el obispo de Mondoñedo-Ferrol publicó una carta recordando algo tan simple como incómodo: «La preferencia del Evangelio es el bien común que tiene mirada universal y los pobres, los últimos, ocupan un lugar preferente. Una prioridad que no distingue entre “los de aquí” y “los de fuera”, que no genera miedo, sino esperanza».

Dicho así esto es el Evangelio que pasa de la teoría a los hechos. Y esto, seguramente, incomoda también a muchos cristianos. Porque a veces, seamos sinceros, nos sale la desconfianza antes que la acogida, el «que se las apañen» al «pasa, te escucho». Mientras tanto la «cultura del descarte», como la llamaba Francisco, sigue teniendo víctimas con rostro de Cristo.

Por eso hay momentos en los que la fe nos pide posicionarnos del lado de la dignidad humana. A un servidor le inspira una frase reciente del Papa León XIV: «Si alguien quiere criticarme por proclamar el Evangelio, que lo haga diciendo la verdad».

Cuando defendemos esta prioridad no estamos defendiendo una ideología, sino que nos estamos dejando tocar por el Evangelio, que a veces nos incomoda y nos saca de nuestras seguridades. Y si toca alzar la voz, que sea como debe ser en un cristiano, sin odio ni desprecio, sino desde ese amor que busca despertar conciencias.

La pregunta, en el fondo, es sencilla: ¿Con qué prioridad queremos quedarnos? ¿Con la del miedo o con la del Evangelio?

Otros artículos

Prioridad evangélica

Que la paz se nos escape hacia fuera

Cuidar a quien nos cuida