El pasado sábado, el Papa León XIV nos invitó a una vigilia mundial de oración por la paz. Fue un gesto muy pascual donde pedir juntos el don de la paz, porque como dijo: «La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta».
Quizá, por eso, el Evangelio del domingo pasado resonaba más actual. Jesús resucitado se aparece a los discípulos encerrados y con miedo y les dice hasta tres veces: «Paz a vosotros».
Paz a vosotros… ¡Qué falta nos hace! Porque sí, vivimos rodeados de guerras y conflictos a nivel mundial, pero también de un clima de crispación social que se cuela en lo cotidiano: en las redes, en el trabajo, con amigos y a veces incluso dentro de la Iglesia. Y ahí, en medio de todo, Jesús vuelve a decirnos: «Paz a vosotros».
A mí me lo recuerda cada misa en el gesto de la paz. La liturgia pide que sea sobrio y breve, pero hay algo muy humano cuando miras al de al lado, aunque no lo conozcas, y le ofreces un apretón de manos, un abrazo e incluso un beso, y casi siempre con una sonrisa. Un gesto que refleja esa esperanza que une y ese amor que levanta, que pedía el Papa, porque el «paz a vosotros» del Resucitado no se nos da para guardarlo dentro, sino para que se nos note en la vida.
Ojalá esa misma paz que nos damos alrededor del altar la podamos llevar luego a casa, a la parroquia, al trabajo y a lo cotidiano. ¡Feliz Pascua y que la paz se nos escape hacia fuera!