Lo que hemos visto y oído

Durante un café farinero con mi párroco, me decía que estaba viendo serio al Papa León durante su visita a España. Es cierto que ha estado sobrio y sereno, como también con un brillo especial en sus ojos y unos apretados labios de emoción contenida.

Seguramente no tenga ese verbo porteño y espontáneo de Francisco, pero creo que cada uno de sus discursos ha sido discernido para decir exactamente lo que quería comunicar, sin una frase de más ni una coma de menos. Por eso, cuando termine esta intensa visita, sería aconsejable releer sus palabras para saborearlas y descubrir en ellas qué nos remueve por dentro.

Lo mejor de todo es que se nota que León cree de verdad en todo aquello que dice. Lo hemos visto y oído en sus palabras, en sus silencios, en sus gestos y también en esa interminable agenda en la que resaltaría los encuentros que ha mantenido con distintas realidades de la caridad y acción social de la Iglesia, donde ha querido escuchar a los rostros de Cristo sufriente para volver a ponerlos en el centro porque, como dijo en la Eucaristía de Cibeles: «Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano».

Creo sinceramente que esta visita daría para una edición comentada de la BAC, con notas, referencias y observaciones a pie de página. ¡Qué mejor lectura para las vacaciones! Ahí dejo el reto a otro columnista de esta revista.

Quizá, como a los Apóstoles (cf. Hch 4, 20), ahora nos toca alzar la mirada, y contar y hacer vida lo que hemos visto y oído. ¡Feliz verano!

Otros artículos

Lo que hemos visto y oído

Prioridad evangélica

Que la paz se nos escape hacia fuera