La vida continúa

La vida sigue igual decía una canción de los sesenta. Una frase que en ocasiones puede ser reconfortante y en otras desesperante; depende de quien la pronuncie, de quien la escuche, depende del contexto y del momento… Y no es lo mismo decir que la vida sigue igual, refiriéndonos a que nada puede cambiar o a que incluso nos da igual si cambia o no; a decir life goes on (la vida continúa) a pesar de todo lo malo que pueda suceder debemos de seguir recorriendo el camino con esperanza, sabiendo que nuestra meta es el cielo.

Sí, el tiempo pasa; segundos, horas, días, semanas… Y llega un nuevo curso y el momento de plantearnos si queremos que todo siga igual o si es tiempo de continuar, de ir más allá, de cruzar fronteras. Creo que todos sabemos que la segunda opción requiere algo más de esfuerzo.

«Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras», decía el alma que salió en busca del Amado. Así explicaba Juan de la Cruz que en el camino no hay que detenerse con nada, ni con los obstáculos (externos o aquellos que nos imponemos a nosotros mismos), ni tampoco con aquellas cosas bellas que puedan engolosinar nuestros sentidos.

Tenemos por seguro que en este nuevo tiempo que se nos regala habrá quienes sigan aprovechándose de los demás (en todos los ambientes y esferas imaginables), pero también habrá quienes sigan amando sin medida, hasta dar la propia vida. Habrá situaciones que nos partirán el corazón y que no podremos evitar; sin embargo, de otras se nos pedirá cuenta de cómo hemos administrado los talentos que recibimos, de qué hicimos o dejamos de hacer con el prójimo, porque «siempre hay por quien sufrir y a quien amar».

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