La «revolución» francesa

En un curso formativo sobre teología y comunicación, que impartí el año pasado, un sacerdote francés me dijo que en su país era imposible que pudieran calar en los medios y en la sociedad las noticias que hablaran de Dios, de la fe, de la Iglesia… Y es que desde finales del siglo XVIII Francia ha sido el estado más secularizado de Europa. Sin embargo, lo que hemos podido conocer y sentir, a través de los medios de comunicación y redes sociales, del viaje apostólico a Francia del Papa León XIV no refrenda esa hegemonía: una hilera de sacerdotes confesando en las calles aledañas antes de la misa que congregó a 700.000 personas en la plaza de la Concordia y los Campos Elíseos, y en la que acolitaron seis jóvenes, de entre 11 y 28 años, con Síndrome de Down; 80.000 mil jóvenes en la vigilia en el Estadio de Francia, en Saint-Denis, a las afueras de París; las 150.000 personas que participaron en la celebración eucarística en el Santuario de Lourdes… Quizás sí, algo está cambiando.

«Liberté, égalité, fraternité» es el lema de la República de Francia, vinculado a la Revolución Francesa. Un ideario asociado también a la secularización del Estado, pero ¿qué son libertad, igualdad y fraternidad sino valores profundamente cristianos? Según lo que hemos observado estos días podríamos considerar que quizá se esté iniciando una «revolución» más poderosa aún en nuestro país vecino y de la que tendríamos también que aprender algo. En la vigilia en el Estadio de Francia, los jóvenes escenificaron orgullosos la historia de la Iglesia en su país, consiguiendo emocionar al Santo Padre.

«Esta es la reconstrucción de la Iglesia que solo Dios puede llevar a cabo», dijo el Papa en París, y no se refería solamente a la reconstrucción material de la Catedral de Notre Dame, sino a un verdadero renacimiento espiritual.

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