León XIV, marcando tendencia

En agosto nos sorprendía la noticia de que Vanity Fair destacaba al Papa León XIV en su lista de los personajes mejor vestidos de 2026. Es la segunda vez que una revista de moda sitúa al Pontífice Romano entre los mejor vestidos (Vogue lo hizo en 2025). Esta vez, el Papa ocupa el sexto puesto de la categoría «Originales» dentro de esta lista. La revista explica que León XIV «ha conservado un aire desenfadado irónico, luciendo en ocasiones gorras de béisbol», señala además que «incluso antes de llegar al papado, León –conocido anteriormente como el padre Bob– elevó su sencilla sotana color crema a alturas celestiales al combinarla con zapatillas Nike».

Sin duda una noticia divertida, puede que chocante, surrealista para algunos, que nos habla sencillamente de naturalidad. Que nadie se rasgue las vestiduras, porque el Papa no ha sustituido el solideo por una gorra, ni se desplaza por el Vaticano en zapatillas de deporte, tan solo se trata de actuar con sencillez. Quizá esa sencillez nos falta, a veces, en la vida eclesial cotidiana. A mí me gusta cuando en una celebración con jóvenes, en un campamento, una convivencia, las zapatillas de deporte asoman debajo de las vestiduras litúrgicas.

Hablamos de inculturación, del «esfuerzo de la Iglesia por hacer penetrar el mensaje de Cristo en un determinado medio sociocultural», cuando nos referimos a la actividad misionera, pero se nos olvida cuando ha de hacerlo en lo cotidiano. La Comisión Teológica Internacional explicaba en 1987 que el término inculturación incluye «la idea de crecimiento, de enriquecimiento mutuo de las personas y de los grupos, del hecho del encuentro del Evangelio con un medio social». Y eso no significa dejar de ser lo que somos.

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