Saber que está

Mayo siempre me ha parecido un mes especial. Quizá sea por las flores, por la luz que se alarga por las tardes o porque, desde pequeña, aprendí que este era el mes de la Virgen. Y aunque los años pasan y la vida se va llenando de responsabilidades, hay cosas que permanecen; y una de ellas es la de saberme protegida por María.

No sabría explicar exactamente cuándo empezó mi amor por ella, supongo que cuando era pequeña y mi madre me enseñó a rezar el Avemaría, o cuando en el colegio cantábamos canciones o llevábamos flores a María. Supongo que es de esas cosas que han estado ahí siempre. Como esas personas importantes cuya presencia das por hecha porque nunca te han fallado.

Y eso es, precisamente, lo que siento cuando pienso en la Virgen: la certeza serena de saber que está. Está en los momentos de alegría, en las preocupaciones, en las decisiones difíciles, en esos momentos en los que no sabemos muy bien qué camino tomar… María está cuando rezo y está, incluso, cuando no encuentro las palabras para hacerlo.

Ahora, siendo madre, comprendo mejor muchas cosas de María: su ternura, su fortaleza, su capacidad de guardar tantas cosas en el corazón. Y me emociona pensar que mi hija también está creciendo sabiendo que en el cielo tiene una madre, a la que lleva, además, en el nombre.

No sé cuántas veces la habré llamado a lo largo de mi vida, seguramente muchas más de las que recuerdo. Lo que sí sé es que al pensar en ella nunca me he sentido sola, porque María siempre está ahí: discreta, silenciosa y fiel.

Otros artículos

Saber que está

Seguir aprendiendo

Pasar a saludar