Hace ya mucho tiempo que observo que la gente no se conforma con verme siempre feliz. Es algo que de alguna manera les da rabia, esto me ha hecho pensar y cuestionarme muchas cosas y pensando me pregunté: ¿Realmente soy feliz siempre? ¿O, por el contrario, vivo en una burbuja de la que no soy muy consciente? La respuesta me ha costado muchos días de oración y de darle vueltas a muchas cosas; pero, familia, tengo que decir que sí, que soy feliz siempre.
Entiendo que esto pueda dar rabia o incluso un poco de envidia, pero creedme: cualquiera puede ser feliz siempre. El secreto está en dónde pongamos el foco en nuestra vida, todos tenemos problemas y sufrimientos, y a veces muy serios; yo también, aunque sea feliz siempre, los problemas no me faltan y a veces los sufrimientos se me multiplican como enanitos, pero mi foco, mi centro, el motivo de mi felicidad es saberme hija amada de Dios, saber que lo tengo conmigo, saber que él no me deja y no dudo de que pase lo que pase Dios está conmigo.
Aquí está el secreto: en que yo prefiero centrarme en él, prefiero mirarlo a él, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.
Pido perdón a todos a los que les ofende mi felicidad, pero os animo a cambiar la mirada y centrarla solo en él, creo que desde ahí me comprenderéis. Porque, querido lector, el problema no es mi felicidad sino el lugar desde el que algunos miran.