Por si el camino cambia…

Empieza un nuevo curso y yo ya estoy otra vez haciendo listas. Horarios, trabajo, colegio, actividades, cosas pendientes, proyectos que quiero sacar adelante… Incluso esas cosas que cada septiembre me prometo que este año sí o sí voy a hacer. Y está bien. Necesitamos organizarnos, tener proyectos, mirar hacia delante. Yo, desde luego, necesito sentir que tengo las cosas más o menos controladas.

Pero la vida no entiende de agendas. Basta un segundo para que todo cambie. Una llamada. Una noticia. Una conversación. Algo que no esperábamos. Bueno o malo. Y, de repente, todos esos planes que parecían tan importantes tienen que esperar. ¡Cuántas veces nos habrá pasado!

Quizá por eso este septiembre quiero mirar mi agenda de otra manera. Seguir haciendo planes, por supuesto. Seguir teniendo objetivos, preparando cosas, ilusionándome con lo que vendrá, pero sin olvidar que el calendario está lleno de días que no me pertenecen.

Y, la verdad, reconozco que esto me cuesta. Sí. Me cuesta no saber, no controlar, no tener claro qué va a pasar… Pero también reconozco que ahí está una parte importante de la fe: hacer lo que está en nuestra mano y confiar en Dios con todo lo demás. Decirle al Señor: «Estos son mis planes, esto es lo que deseo, esto es lo que he preparado… pero acompáñame si todo cambia, porque cambiará». La vida siempre termina sorprendiéndonos de alguna manera.

Así que comienzo este curso con agenda nueva, proyectos y muchas ganas. Pero también con una certeza: yo puedo hacer planes, pero el camino, como siempre, lo recorreré junto a Él.

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