El número 14 en la Biblia habla de plenitud, de historia que se cumple y de la fidelidad de Dios que nunca falla. En el Evangelio de Mateo, las generaciones se ordenan en grupos de catorce, recordándonos que Dios guía los procesos, incluso cuando no los entendemos del todo. También evoca a David, signo de promesa y de un corazón que, aun con fragilidad, busca a Dios. Desde este significado, hoy el número 14 se convierte en memoria agradecida.
Catorce personas que han formado parte de un camino compartido. Catorce vidas entregadas con discreción, con trabajo bien hecho, con compromiso a los preferidos del Padre. Catorce corazones que han animado, acompañado y servido sin buscar protagonismo. Hoy ya no están en el mismo lugar. Las circunstancias han cambiado pero lo que han sido y lo que han dado permanece.
Gracias por la entrega silenciosa. Gracias por la cercanía con quienes más lo necesitan. Gracias por construir Iglesia desde lo cotidiano. Gracias por animar la fe cuando otros no podían.
A veces, en la Iglesia, olvidamos algo esencial: decir gracias. Nos acostumbramos al servicio de los demás y dejamos de reconocerlo. Y en ese olvido, corremos el riesgo de alejarnos del Espíritu de Cristo. Porque, como nos recuerda la Escritura, «quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo».
El número 14 hoy no solo habla de plenitud, sino de fidelidad concreta hecha vida en personas reales. Y también nos invita a revisar el corazón: ¿sabemos agradecer?, ¿sabemos reconocer el bien? Recordar es también hacer justicia. Y agradecer es, profundamente, vivir en Cristo.