Abrir una grieta

Estrenamos curso pastoral y, como siempre, enseguida empezamos a llenar las agendas de programaciones, calendarios, encuentros, formaciones y alguna que otra reunión para preparar la siguiente reunión.

Pero quizá, antes de ello, sería conveniente parar un poco y guardar silencio. No solo para descansar la cabeza de tanto ruido –de ese que cantaba Sabina cuando tenía voz–, sino para preguntarnos qué quiere Dios de nosotros en este nuevo curso. Porque podemos montar actividades novedosas, marcarnos objetivos e indicadores fantásticos, cuadrar horarios y, pese a ello, no haber escuchado por dónde él quiere guiarnos.

Ya nos lo recordaba el Papa León XIV el pasado junio en Madrid: «Para reconocer la voz de Dios puede ayudarnos el silencio (…). Cuando lo buscamos, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer (…). En él comprendemos la verdad que permanece».

Quizá venga bien ponernos más veces, y no solo el tiempo de misa, en «modo avión», sin notificaciones y sin prisas. Hacerlo juntos como parroquia, grupo o realidad de Iglesia antes de programar, antes de «soñar un nuevo curso», también nos podría ayudar a distinguir entre lo urgente y lo importante, entre lo de siempre y eso nuevo que, quizá, el Espíritu lleve tiempo susurrándonos.

Hay un canto de Ixcís que, si no lo conocen, les aconsejo hacerlo y que dice así: «Espíritu, abre una grieta en mi alma dormida, transfórmala en nueva». Quizá se trate de eso, de dejarle una rendija por donde entrar.

Así que, antes de llenar la agenda hasta arriba, pregúntense: ¿Hemos dejado en medio de tanto ruido alguna grieta abierta al Espíritu? ¡Feliz curso pastoral!

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