¿Te pasa que hay momentos en los que la fe parece más difícil de sostener? A menudo caminamos como los discípulos de Emaús: con el ánimo por los suelos, arrastrando los pies y dando vueltas a lo que nos preocupa, sin ver más allá de nuestros problemas. Pero lo más reconfortante es descubrir que Jesús no nos espera sentado en la meta. Al contrario, él se mancha las sandalias en nuestro barro y se pone a caminar a nuestro lado, respetando siempre nuestro paso.
Hay un detalle clave en el que debemos fijarnos: Jesús se acerca porque ellos iban hablando de él. No apareció por arte de magia, sino porque encontró a dos personas compartiendo sus dudas e interés por su mensaje. Aquí es donde la Evangelii Gaudium del Papa Francisco cobra todo su sentido. El Papa nos pide que no guardemos la fe en un cajón. Cuanto más hablemos de Jesús con naturalidad y compartamos lo que significa en nuestro día a día, más viva y fuerte estará nuestra Iglesia.
Los cristianos no estamos para dar lecciones teóricas, sino para contagiar un amor que nos ha cambiado la vida. Por eso, necesitamos hablar mucho más de Jesús: citar sus palabras, recordar sus gestos de ternura y apasionarnos con su proyecto. Solo así los demás sentirán que no es un personaje del pasado, sino alguien que late hoy con nosotros. ¡No te guardes lo que llevas dentro: saca a Jesús a la calle y deja que su alegría llegue a todos!