Reflexiones semanales
1 de julio 2018

Solemnidad de San Pedro y San Pablo

XIII domingo del Tiempo Ordinario

En este domingo celebramos el día del Papa, la solemnidad de San Pedro y San Pablo. Ha sido Nuestro Señor el que ha puesto a Pedro para apacentar su rebaño con estas palabras tan graves, solemnes y contundentes: “Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). Jesús nombra a Pedro como máximo responsable de su Iglesia y le da el poder de interpretar auténticamente la ley divina, es la cabeza de los Apóstoles. El Papa es el Vicario de Cristo y tenemos que quererlo y escucharlo, porque en su voz estamos escuchando al “dulce Cristo en la tierra”, como llamaba Santa Catalina de Siena al Papa.

Os pido a todos vosotros, queridos diocesanos, que elevéis hoy una oración especial por nuestro Papa Francisco, sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, rogad al Señor para que le siga dando la fortaleza para animarnos a mantener la unidad de la Iglesia, la sabiduría para que nos enseñe a conocer y amar más al Señor y la santidad para que aprendamos de su testimonio. El Papa Francisco siempre nos habla de la alegría y belleza de la fe, pero la fuerza la pone en el amor a los más necesitados, “en los pobres, donde se manifiesta la presencia de Jesús, que siendo rico se hizo pobreY si los pobres a los ojos del mundo tienen poco valor, son ellos los que nos abren el camino hacia el cielo, son nuestro pasaporte para el paraíso”. Donde está el Papa, allí está la Iglesia, y su misión fundamental es trabajar por mantener las notas que la caracterizan: una, santa, católica y apostólica. Los cristianos debemos valorar esto y unirnos con todas las fuerzas para que brille siempre la voluntad de Dios.

¡Cuántas veces nos ha ayudado el Papa a valorar la belleza de la fe! La fidelidad al Papa nos obliga a escuchar sus palabras, leer sus escritos y documentos, comentarlos con los demás, ofrecerlos a los amigos y conocidos, que lleguen a todos los rincones de la tierra, sin deformarlos, para que muchos desorientados puedan ver la luz, el camino que les lleve al Señor. Debemos ayudar a la gente para que pueda encontrar la esperanza y la Verdad, que es Cristo.

Os recuerdo que hasta en las celebraciones más solemnes no podemos dejar de acordarnos de los pobres y tienen sentido las colectas de las iglesias destinadas al Óbolo de San Pedro. Nuestra ayuda económica la ofrecemos al Santo Padre como expresión de apoyo a su solicitud por las múltiples necesidades de la Iglesia universal y para las obras de caridad a favor de los más necesitados. Con la ofrenda del óbolo se ayuda a las obras misioneras, iniciativas humanitarias y de promoción social, así como también para sostener las actividades de la Santa Sede.

Recemos por el Papa Francisco, que nos lo pide siempre; recemos por sus intenciones, para que Jesús le libre de sus enemigos y para que sepamos escuchar sus palabras de Maestro, que nos apremian a salir y anunciar a Cristo, su misericordia y su perdón.

¡Muchas felicidades, Santo Padre, esta Iglesia de Cartagena está en comunión con el Sucesor de Pedro y le queremos!

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