Reflexiones semanales
13 de febrero 2022

Manos Unidas, una bienaventuranza

VI domingo del Tiempo Ordinario

Celebramos la Campaña contra el hambre en el mundo y, como todos los años, Manos Unidas nos propone un lema que siempre es para pensarlo. En este domingo nos está recordando lo que tantas veces ha denunciado el Papa Francisco, el daño que hacen nuestras indiferencias. Está claro que, si no nos preocupamos unos de otros, si no vivimos con el espíritu que nos dice Jesucristo y cada uno va a lo suyo, en nuestro mundo no se podrá vivir, porque la indiferencia lleva al olvido de los más desfavorecidos de la tierra. La labor que hace Manos Unidas es más necesaria que nunca, porque nos ayuda a bajar los humos de nuestros sueños y fantasías lejanos a la realidad, propios de gente acomodada, y nos hace pisar tierra, el mundo real, ver las personas que lo pasan muy mal, con hambre y sed, víctimas de violencias y malos tratos, sin medios y sin cultura.

Con esta campaña de Manos Unidas descubriremos, otra vez más, la urgente necesidad de poner en el centro a las personas, especialmente «a las más vulnerables, para mirar desde su realidad, sus preocupaciones y sus sueños. Solo desde los últimos podremos comprender un mundo donde la desigualdad, el hambre y la pobreza siguen siendo los retos que impiden a más de la mitad de la humanidad vivir dignamente». Ellos nos tienden una mano amiga y nos dicen a voz en grito, que los pobres también son hijos queridos de Dios.

Escuchemos hoy con oídos atentos el Evangelio de este domingo, porque Jesús nos está diciendo dónde está la causa de los verdaderos problemas de nuestro mundo y, al mismo tiempo, abre los horizontes de la esperanza con las Bienaventuranzas, las preferencias de Nuestro Señor Jesús de la mano del evangelista san Lucas. Lo primero que salta a la vista es el corazón de Dios, al que no le pasan desapercibidas las necesidades y los problemas de la gente. Jesucristo decidió bajar del monte a la llanura, al encuentro con su pueblo, le ha bastado una mirada para saber de sus hambres, penurias y carencias. Él, a quien todos esperaban, la Palabra de Dios cumplida, les anuncia la Buena Noticia: que ha venido a «vendar los corazones desgarrados, a dar la amnistía a los cautivos, la libertad a los prisioneros, a los afligidos el consuelo y el pan a los hambrientos, el agua al que tiene sed y la Buena Nueva a los pobres…». Lo verdaderamente maravilloso es que todo aquel que pensaba que no tenía arreglo, que estaba perdido, se encontró con el regalo de la esperanza: ¡Tu Dios reina! ¡Dios ha inaugurado su reino y cuenta contigo!

Os ruego que abráis bien los oídos para escuchar la Palabra de Dios y cómo Jesús es ya nuestra salvación; oiremos que los sufridos, marginados y desgraciados de este mundo son ya dichosos y que los que ahora lloran reirán. San Lucas, que piensa en las condiciones de existencia de los cristianos de su tiempo, los anima a la esperanza, por esta razón habla del “ahora”, señalando el presente, de hoy mismo, sin necesidad de esperar al futuro, porque ahora hemos entrado en el hoy de la salvación.

Debemos colaborar con esta campaña de Manos Unidas, para defender la dignidad de la persona de los efectos de la indiferencia, que nos impide acabar con la pobreza, el hambre y la desigualdad. Que Dios te conceda generosidad y oídos atentos.

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