Reflexiones semanales
24 de diciembre 2023

La Virgen María es el templo de Dios

IV domingo de Adviento

Nos disponemos a celebrar el misterio central de la historia: el Nacimiento del Hijo de Dios como hermano nuestro, por eso hemos tenido estas semanas de seria preparación en la esperanza de su venida. Pero no podemos perder de vista la figura de la Virgen María, la joven de Nazaret, que nos ha dejado un fiel testimonio de su decisión de hacer la voluntad de Dios con un sí muy grande, la Virgen María, que le esperó con inefable amor de Madre (prefacio de este domingo). Ella le recibió en sí misma, como carne de su carne. Ella dijo sí a Dios: «Hágase en mí según tu palabra». Y tuvo a Cristo Jesús, en un adviento prolongado, dentro de sí misma. María ha sido templo de Dios.

Dios llenó de gracia a María, porque creyó y esperó. En la Palabra se nos dice cómo a David se le prometió que iba a tener una dinastía eterna y que de su descendencia iba a salir el Mesías Salvador, también escucharemos las palabras del ángel a María que anuncian el cumplimiento de aquella promesa. Y la Virgen María dará a luz al Enmanuel. Este es el plan de Dios: Jesús ha querido nacer de una familia humana, la de David, en su último eslabón de José y María. Tiene raíces humanas, nombre y apellido. Es hermano nuestro, metido en nuestra historia. El hijo de María es a la vez hijo de David, o sea, miembro de la humanidad, e Hijo de Dios, que se hace hombre para salvarnos. Esta es la Buena Noticia que nos llena de alegría hoy a todos y se ha cumplido en Navidad. Creemos en el anuncio que a todos se nos ha hecho: que Dios quiere salvarnos y nos envía a su Hijo. La comunidad cristiana se llena de alegría y por eso hacemos fiesta y todos los creyentes de todo el mundo cantamos y bendecimos a Nuestro Dios y Salvador, porque el Señor está con nosotros.

El plan del que habla Pablo en la Carta a los Romanos, que había estado escondido durante siglos y que se ha revelado de una vez por todas en Cristo Jesús es este: que Dios quiere la salvación de todos los pueblos sin distinción, que todas las naciones de la Tierra están llamadas a la fe. Esto nos compromete de una manera especial para celebrar una Navidad más profunda a nivel de la fe; pero aún más, tenemos que imitar a María, aumentando la confianza en Dios, viviendo un humilde agradecimiento, abriéndonos a la voluntad de Dios, manifestando alegría por el nacimiento del Salvador. Y lo demás: hacer fiesta, alegrarse, reunirse en familia y felicitarse... es consecuencia de lo esencial.

Recordad, la Eucaristía es la mejor preparación y la mejor celebración de la Navidad. Cada Eucaristía es Navidad, porque es presencia intensa y especial del Salvador entre nosotros. Con la de este domingo, es como más profundamente nos preparamos para celebrar el Misterio del Nacimiento, la fiesta de la Navidad.

Os deseo de todo corazón que Jesús esté presente siempre en vuestra vida, en vuestras palabras y acciones, para que donde quiera que vayáis llevéis el rostro de Jesús. ¡Feliz Navidad!

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