Reflexiones semanales
28 de abril 2019

La victoria de la misericordia

III domingo de Pascua

Todavía suenan en nuestros oídos los cánticos de alabanza y los “¡aleluyas!” por la Resurrección del Señor; repican las campanas en sus campanarios y cantan a gloria con sus aleteos las palomas huyendo de la tierra al cielo, estremecidas por el sonido de los bombos y tambores, estimulados por el estruendo de tracas y cohetes…; aún tengo grabadas en mis pupilas las sonrisas de los niños y me pregunto: ¿por qué los adultos no ríen como los niños?

Hoy, una semana después, me vuelvo a preguntar lo mismo. Perdonen la insistencia, pero no se entiende cómo sabiendo que Dios ha vencido nuestras muertes y tristezas demos la imagen de derrotados; que habiendo roto las cadenas del pecado que nos tenían esclavos, no estemos alegres; que sabiendo que si Él resucitó y nos ha hecho partícipes de su victoria nos mantengamos en caminos de oscuridad y muerte; que al Señor lo sepultaron, pero no le vencieron; es verdad que tiene las marcas de la pasión en sus manos y en su costado, pero ¡vive! y en todos los rincones de la tierra se está cantando y proclamando el triunfo de Jesús: “¿Dónde está, muerte, tu victoria?”. ¡Ha Resucitado el Señor! Espabilad, hermanos, llenaos de alegría, que hay esperanza, que tendremos un mañana y millones de razones para confiar.

Por si alguien necesita otro punto de apoyo para la confianza en el Señor, en este domingo segundo de Pascua celebramos la Divina Misericordia, ya sabéis que se trata de “una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros”, había dicho el Papa, Juan Pablo II, en el año 2000, con motivo de la canonización de Sor Faustina Kowalska. Yo creo que también es un motivo para la alegría, porque nuestras vidas se sostienen en el Señor, en su misericordia.

Tenemos suerte, estamos viviendo una época maravillosa donde se nos está poniendo a prueba la fe, podemos comunicar a muchos la gran noticia del triunfo de Nuestro Señor sobre la muerte; podemos ser señales de luz para los que viven en la oscuridad. ¿Te sientes con fuerzas para esta aventura de hablar de Cristo? ¿Serás capaz de decirle a tu familia, a tus vecinos y compañeros que verdaderamente crees que Jesús ha resucitado y que Él es la causa de tu paz interior? Pues si lo crees, venga, comienza ya por vivir alegre, porque esta es la experiencia de todos los que han visto con sus ojos al Señor. Veréis cómo en estos domingos siguientes la tónica general de los discípulos, testigos de la Resurrección, es la alegría, no puede ser de otra manera. En la Carta a los Filipenses, les dice Pablo, que “como cristianos que sois, estad alegres, os lo repito, estad alegres”. Jesús resucitó y estamos llamados a gozar de su misma vida, no hay miedo ni temor que pueda con nosotros, ¡somos del Resucitado, somos de la alegría!

Ahora debemos seguir construyendo este mundo según el plan de Dios, hay que trabajar, sí; sacrificarse por los demás, sí; construir una sociedad nueva, sí; porque la cultura de la muerte no nos conduce a nada. Que se note que estamos en Pascua y vivamos como hijos de Dios. Id a vuestras parroquias, presentaos al sacerdote y decidle que cuente con vosotros, que estáis dispuestos a dar razón de vuestra fe.

Que Dios os bendiga. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

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