Reflexiones semanales
13 de noviembre 2016

La PAZ es una aventura posible

domingo del Tiempo Ordinario

Comenzamos otro año nuevo con un clima de alegría y gozo por la Navidad. En el olvido se quedaron tantas experiencias vividas, sueños, ilusiones y también los dolores y sufrimientos, pero con el Nacimiento de Jesús, Nuestro Redentor y Salvador, se nos ha vuelto a abrir un gran horizonte de ESPERANZA para la humanidad. Este día es singular, el primero para comenzar a poner en práctica el Evangelio, dejando atrás la falta de valores humanos y cristianos, que hemos echado de menos, también las indiferencias y los egoísmos. Activemos con viveza la impronta que nos trae Jesús, la de trabajar por construir una sociedad nueva, con iniciativas de comunión, de unidad, equidad, justicia y paz; para ello “hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida”, como nos pide el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de Paz.

Dios nos está llamando a ser constructores de la paz, a creer que esta es posible con su ayuda y que la paz está al alcance de nuestras manos, porque Jesucristo la ha traído, como un don de Dios para todos los hombres. Dios es fuente de la paz y de la reconciliación para todos los tiempos y para todos los pueblos, gracias a su misericordia y su amor, es también un regalo de Dios. ¡Despertemos de nuestros sueños, pisemos tierra y trabajemos juntos por construir una sociedad pacífica y pacificadora! Leed el Mensaje para la Paz del Papa Francisco, que nos pide que participemos en la construcción de una vida más libre y digna, con el peculiar estilo de la caridad y la no violencia, para que estas guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales. El ejemplo que nos repite ardientemente es el de Jesús, que predicó incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos, a poner la otra mejilla: “quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación”. Y añade con fuerza: “El amor a los enemigos constituye el núcleo de la ‘revolución cristiana’”.

No rechaces el esfuerzo necesario para tomar conciencia de la realidad, de la llamada que te hacen tus hermanos para ver que la reconciliación, la justicia y la paz entre los individuos y entre las naciones no son simplemente una llamada dirigida a unos cuantos idealistas, sino una necesidad para que no perdamos la condición humana. Cuanto más difíciles son los tiempos más abiertos los ojos para construir la paz, porque la paz es una aventura posible, que está al alcance de nuestras manos.

La Iglesia nos recuerda que tenemos un modelo para imitar, el de la Virgen María. Ese «sí» de la joven de Nazaret hizo posible un destino de felicidad para el universo y María se convierte en Madre de Dios. La Virgen se entrega totalmente a la obra de su Hijo, hasta en la participación en su sacrificio en la Cruz.

Que la participación, como peregrinos a Caravaca de la Cruz, nos acerque al corazón de la Virgen Madre de Dios.

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