Reflexiones semanales
28 de mayo 2017

La Ascensión del Señor

VIII domingo de Pascua

La Ascensión del Señor a los cielos cierra un ciclo de tiempo en el que hemos podido tener la dicha de ver con nuestros ojos el mismo rostro de Dios, la dicha de haber escuchado las palabras de gracia que salían de sus labios y el gran ejemplo de vida del que fue capaz de dejar a un lado su condición divina para acoger totalmente nuestra humilde naturaleza, y todo, por una razón: el infinito amor que Dios nos tiene. La solemnidad de la Ascensión no está aventurando un olvido, ni una huida de nosotros, no, que Dios cumple siempre su palabra y mantiene la que nos dejó, que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. El que cree puede confiar, porque su palabra se cumplirá. Jesús no ha abandonado al hombre, al contrario, le ha abierto más puertas, le ha refrescado su esperanza para que cada uno de nosotros nos podamos acercar más y mejor al Padre. Eso mismo le dijo a Felipe: “confía, no tengas miedo, que el que le ha visto a Él ha visto al Padre”. De esta experiencia gozosa estamos participando nosotros hoy, ya que de la mano de Jesús vamos al Padre si tenemos fe plena y mantenemos la fidelidad, ya que nos está abriendo puertas para conocer más su corazón misericordioso.

Deberíamos caer en la cuenta de la fuerza que tiene la Palabra, porque es la que ilumina nuestra vida y nos denuncia cuando vamos por sendas torcidas. La Palabra de Dios siempre es realista, tiene una gran actualidad, nos ayuda a objetivar la vida y a valorar nuestra relación con el Altísimo, pero hay cosas de las que nos debemos defender, especialmente de todo lo que nos aparta del proyecto salvador de Dios, también de la oscuridad que nos plantea el medio ambiente dominante, que pretende ahogarnos sin remedio en la tristeza. ¡Pero nosotros somos hijos de Dios! y si queremos ver su rostro y habitar en su presencia, desde la libertad que te da la fe, nos debemos salir del sofocante subjetivismo que nos rodea; no permitiremos acomodarnos a soluciones laxas, teniendo como criterio único el “me gusta” o “no me gusta”, sino más bien fortalecer nuestros vínculos al bien y a la verdad, sin prescindir de la fuerza y claridad que te aporta la fe. La fe nos dice que la Verdad es Cristo, que el bien está en Cristo y que la puerta de la Vida es Cristo, Cristo que ha vencido a la muerte, que perdona nuestros pecados y nos regala el don de la Salvación por sus méritos, ¿a dónde iremos, sino a Cristo? ¿Dónde está nuestro refugio en este mar tormentoso, sino en Cristo? Él es nuestra Salvación y Vida, porque le necesitamos permanece en medio de nosotros.

Una de las cosas que hizo el divino caminante con los discípulos de Emaús fue que les abrió la mente a la inteligencia de las Escrituras, mostrándoles a través de ellas toda la obra realizada de salvación que ha llevado a cabo el Padre desde el comienzo de la humanidad y que tiene su expresión más alta en el acontecimiento de Cristo con nosotros, su palabra, sus signos, su perdón, encaminados todos a la salvación del hombre. El Señor nos está diciendo en su Ascensión que ahora nos toca a nosotros llevar adelante la tarea evangelizadora. Jesús no se ha ido para desentenderse, sino que nos está llamando a la responsabilidad de la misión a todos y nos dice: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días”. Feliz domingo.

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