Reflexiones semanales
19 de enero 2020

Jesús es la luz para todas las naciones

II domingo del Tiempo Ordinario

No apaguéis todavía las luces de la Navidad, ni consintáis que se apodere de vosotros el desánimo o la tristeza por el fin de las fiestas, no, porque la luz sigue encendida, la luz de Cristo siempre está encendida. Acabamos de vivir el gozo de días estupendos, llenos de ternura, porque el nacimiento de Nuestro Señor nos ha traído aires nuevos y renovados para seguir adelante con el empeño de hacer la voluntad de Dios. En Navidad, Jesús nos enseñó a saber aceptar medios pobres y sencillos, una vida en las manos de Dios y guiada por Él, aunque comience en un pequeño pesebre oculto. Los Magos de Oriente nos han ayudado con su firmeza de fe a seguir siempre la luz de Dios sin desmoralizarnos. Partieron con tiempo suficiente, no les desanimaron los inconvenientes del camino, hasta que llegaron a contemplar con sus ojos a Jesús, Luz de las naciones. Otro momento que la liturgia nos ha regalado fue la celebración del Bautismo de Jesús, que nos ayudó a reconocer al Mesías prometido, que se ha hecho presente en medio de su pueblo con la fuerza del Espíritu Santo. Jesús es el Mesías, el Señor, el Ungido como profeta para anunciar el amor misericordioso de Dios al universo entero.

La liturgia de este tiempo nuevo que comenzamos nos urgirá a mantener encendidas las lámparas, porque las vamos a necesitar para el camino. Vosotros estad alerta, la Palabra del Señor es la luz para el camino, será nuestra guía en el sendero. Ojalá tengamos la sabiduría para aprender de los Magos de Oriente a no hacer caso a los cantos de las sirenas que nos señalarán rutas falsas para nuestra perdición. Debemos mantenernos firmes en la fe.

Ya estamos en el Tiempo Ordinario litúrgico, que ocupa casi medio año en el calendario, unos 33 o 34 domingos. Se trata de un tiempo privilegiado y fuerte donde poder vivir la fidelidad de Dios y la perseverancia. La Iglesia nos ofrece, durante estos domingos, una oportunidad para que el fiel cristiano disponga de un espacio de tiempo sosegado y pueda profundizar en el misterio de Cristo, a lo largo de todo el año, reposando la Palabra de Dios que se proclamará, interiorizándola, revisando sus respuestas, actualizando su vida y acomodándola al Misterio del amor de Dios. Se dice algo muy bello en las indicaciones de este tiempo que: “en lo ordinario es donde acontece lo extraordinario: el Misterio Pascual de Cristo y nuestra comunión con Él”. Aprovechemos la oportunidad que se nos da para darle la cara al espesor de la realidad, muchas veces monótona y gris, pero con valentía ante los quehaceres de cada día y de cada semana, para potenciar nuestra comunión con el Señor, vivo y presente en nuestra vida y con la Iglesia, a través de la Palabra de Dios y los sacramentos.

Hemos aprendido del Maestro, como estilo de vida, la importancia de la obediencia al Padre; la sencillez, la humildad, la entrega diaria al plan salvador de Dios; a amar sinceramente. Pues ánimo, que somos esperanza y Jesús es la Luz del camino. Ahora nos toca a nosotros hablar de Dios. Es apremiante la tarea evangelizadora, urgente y necesaria, aunque es preciso saber que sólo pueden evangelizar los que antes han sido evangelizados, es decir, sólo pueden ofrecer la forma de vida de Jesús los que tienen experiencia de fe, de que Jesús es una persona real y viva, presente en la comunidad, en la propia vida, en la sociedad y en la historia.

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