Reflexiones semanales
10 de marzo 2019

Es tiempo de conversión

I domingo de Cuaresma

En el Evangelio de este domingo vemos a Jesús retirado en oración. El texto señala con precisión que era en el desierto, que se mantenía en ayunas, que estaba lleno del Espíritu Santo y que fue tentado por el diablo. En pocas palabras se nos ha descrito la situación en la que se encontraba el Señor y cuales eran las circunstancias. En esta breve introducción ya encontramos el estilo, la forma de hacer las cosas de Jesús y la gran lección que nos está dando, la centralidad de la fidelidad total a la voluntad del Padre, en silencio, en oración y entrega. Con estos criterios vamos a comenzar la Cuaresma otro año más y, naturalmente, tendremos que evitar las rutinas, el pasar de largo o cerrar los oídos.

En el mensaje de Cuaresma del Papa Francisco se destaca la manera de proceder en este tiempo tomando conciencia de que tenemos que cambiar muchas cosas en nuestro interior, todo aquello que nos detiene el paso y nos entorpece para vivir la libertad de los hijos de Dios, el Papa nos recuerda que es el pecado, que esto es la causa de todo mal, porque si no vivimos como hijos de Dios nuestros comportamientos serán destructivos hacia el prójimo; si rompemos la comunicación y la comunión con Dios, nuestro ser será un desierto. El pecado nos destruye.

El Papa apunta el remedio: la necesidad de restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón y poder así vivir la riqueza de la gracia. ¡Bienvenida sea esta Cuaresma, que nos dará la oportunidad de encontrar el gozo de la Pascua, la bella condición de los hijos de Dios! ¡Venga, atrévete a romper tus inercias y olvídate de los itinerarios que no te llevan a la Luz! La Cuaresma te servirá para hacer un alto en el camino, para pensar que no debes quedarte estancado en tus oscuridades o en los sueños de la muerte, sino para salir con fuerza abriéndole la ventana a la Luz de la Resurrección, que el Señor ya te ha enseñado la senda, estrecha y angosta, pero te lleva a la Vida, ¿para qué dar mas vueltas? Cristo es la puerta, ¡ánimo, responde mirando su rostro! El Señor fue enviado al mundo para llevar a cabo la redención del hombre mediante el sacrificio de su propia vida. Este sacrificio debía tomar la forma de un 'despojarse' de sí en la obediencia hasta la muerte en la cruz. Una muerte que, en opinión de sus contemporáneos, presentaba una dimensión especial de ignominia. ¡Fíjate cuánto amor ha puesto Jesús en esta aventura, que no le ha importado pasar por el Varón de Dolores, que anunciaba Isaías!

La Cuaresma es conversión, es mirar a Jesucristo y contemplar su cuerpo desnudo, sus manos rotas, sus pies atados, su corazón traspasado y sentir la necesidad de responder con amor al Amor que no es amado. Nuestra primera tarea de evangelización, tanto para sacerdotes como para laicos, es testificar que la salvación está en Jesucristo, que es Él quien da la Vida. Dios nos da otra oportunidad más, así que a preparar mejor que el año pasado la Cuaresma, la vamos a cargar de sentido, no os desaniméis y colaborad en la parroquia y con el párroco en la preparación de la misma.

 

Volver a reflexiones
Últimas reflexiones semanales
  • El mundo siente nostalgia del Redentor

    V viernes de Pascua17 mayo, 2019

    La Palabra de Dios nos acerca a donde está la Luz, a Cristo Resucitado, luz sin ocaso, fuente de alegría. Durante este tiempo pascual nos ayudan a los amigos y...

    +
  • Seguir al Buen Pastor

    V martes de Pascua14 mayo, 2019

    Este domingo es muy especial para toda la Iglesia, porque en las lecturas de la liturgia nos pide el Padre Dios que abramos los ojos de par en par, en...

    +
  • Jesús sostiene la fe de sus discípulos

    III viernes de Pascua3 mayo, 2019

    Las palabras del evangelio son de esperanza y vida, son la lección que el Maestro da a sus discípulos para sostenerles en la fe en esos momentos tan delicados por...

    +
  • La victoria de la misericordia

    II viernes de Pascua26 abril, 2019

    Todavía suenan en nuestros oídos los cánticos de alabanza y los “¡aleluyas!” por la Resurrección del Señor; repican las campanas en sus campanarios y cantan a gloria con sus aleteos...

    +