Reflexiones semanales
19 de mayo 2019

El mundo siente nostalgia del Redentor

VI domingo de Pascua

La Palabra de Dios nos acerca a donde está la Luz, a Cristo Resucitado, luz sin ocaso, fuente de alegría. Durante este tiempo pascual nos ayudan a los amigos y discípulos de Jesús los encuentros con el Resucitado, porque pasado el dolor de la cruz, hemos recibido la experiencia de la alegría por la victoria sobre el pecado y sobre la muerte, hasta tal punto que no podemos callar; se despierta muy dentro de cada uno la necesidad de contarle a todo el mundo que la respuesta que busca está en nuestro Señor Jesucristo. La primera lectura habla de que los apóstoles anunciaban a todos lo que Dios había hecho por medio de ellos y animaban a los fieles, exhortándoles a perseverar en la fe. A partir del encuentro con Jesús Resucitado, la vida de los testigos era para los demás, centrada en el Señor, oraban, ayunaban, animaban, exhortaban… y estaban entregados a la causa del Señor.

La salvación nos viene a través de la acción evangelizadora de la Iglesia que predica y sigue anunciando a Cristo, en medio de un mundo difícil y descreído, por esto se hace urgente el anuncio del kerigma, por eso hay que escuchar con atención al Papa Francisco que nos pide salir a la calle, comprometernos de verdad, no sólo de palabra, y dar ejemplo, que el testimonio también es predicación y llega más. Es preciso que busques espacios para la oración personal, donde nadie pueda distraerte y que escuches la Palabra del Señor, toda entera; busca la paz interior y Cristo habitará en tu corazón y en esa “soledad” tu alma no estará sola, ni tendrá sed, porque el Señor es “la fuente que mana y corre”, como decía san Juan de la Cruz. Tienes que llegar a sentir que eres del Señor, que nadie es tu dueño, más que Cristo, el Buen Pastor y Maestro. Conociéndolo le podrás imitar mejor.

Sólo Cristo Resucitado es la Verdad, porque él es la Verdad, y estando con él no te perderás, porque él es el Camino. Tu misión ahora es anunciarlo, llevar a los hombres la luz de la verdad, liberarlos de la pobreza de verdad, que es la verdadera tristeza y la verdadera pobreza del hombre. Llevarles la Buena Noticia que no es sólo palabra, sino también acontecimiento: Dios, él mismo, ha venido a nosotros. Nos toma de la mano, nos lleva hacia lo alto, hacia sí mismo, y así cura el corazón desgarrado. Yo te puedo predicar, hablar de mil maravillas, podrás oír muchas palabras venidas de acá o de allá, pero es el Señor el que enseña, el que instruye, el que da el crecimiento y el coraje para ser testigo. Dios quiere hablarte, pero si tienes cerrado el corazón, no le eches la culpa a la llave, mira antes no sea que el demonio sea el dueño de tu corazón. Entra en lo más hondo de tu ser y purifícalo, purifica tu conciencia, pide perdón de tus pecados… y entonces encontrarás allí a Cristo, y él te hablará.

Es cierto que salir a anunciar el Evangelio, la resurrección de Jesús y su triunfo sobre la muerte, cuesta mucho, porque los hombres de hoy, dan la espalda a Dios y consideran que la fe es algo del pasado. Pero piensa que la gente, aunque parezca que tiene los oídos cerrados, su corazón late igual y siente anhelos de que se establezca la justicia, la paz, el amor; la gente anhela superar la pobreza y el sufrimiento, que los hombres encuentren la alegría. Estos anhelos están presentes en el mundo de hoy, el anhelo hacia lo que es grande, hacia lo que es bueno. A esto se le llama nostalgia del Redentor, de Dios mismo, aunque se le niega. Fíjate en el trabajo que hay por delante, la extraordinaria misión de llevar el consuelo, la paz y la Verdad a los hermanos. ¡Ánimo!

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