Reflexiones semanales
9 de junio 2019

El Espíritu Santo da la fortaleza para vencer los miedos y temores

Santísima Trinidad

En esta solemnidad de Pentecostés vemos cómo ha sido el Espíritu Santo el que da coraje a los discípulos del Señor para ser apóstoles, el que les da fortaleza para vencer los miedos y temores. La misión de toda la Iglesia, conducida por el Espíritu Santo, es ser portadora del Evangelio de Jesucristo, portadora de esperanza y testigo de la Resurrección. Consagrados y laicos, viviendo la fe en Jesucristo Salvador, muerto y resucitado, iluminan la vida personal y social de los que nos rodean; los laicos han recibido también una especial vocación de apostolado fecundo (AA,1). La unidad es la esencia de la Iglesia, porque del mismo modo que el sarmiento no puede dar fruto si no permanece unido a la vid, tampoco el cristiano podrá ser testigo de Jesucristo y dar frutos de santidad si no mantiene la plena comunión con Él, mediante la oración confiada, la participación frecuente en los sacramentos y la preocupación por su formación cristiana: “El que permanece en mí como yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). Todos nos debemos sentir invitados por el Señor a trabajar por el Reino de Dios, como continuadores de la misión de Jesucristo como una fuerza de renovación que ofrece a todos los hombres una elevación a las fuentes de la Vida. Nadie es espectador, todos somos actores de un programa de salvación trazado por Dios desde el mismo momento de la creación. El Padre nos llama a trabajar en su viña (Mt 20, 1-16), es decir, en el mundo entero, porque debe ser renovado y transformado, según los designios de Dios.

La fe de un cristiano es un compromiso, no es un caminar por las nubes y desentenderse de la realidad, sino que es entrega, donación por amor hasta morir, porque esto es lo que hemos aprendido en la escuela de Jesús y la tarea que nos ocupa cada día es pisar tierra y mejorar la creación que nos ha sido regalada, en especial, la de defensa de la dignidad de las personas, el reconocimiento y el respeto a la grandeza de los hombres y mujeres de este mundo, porque son hijos de Dios. La vida de la persona merece nuestra atención. No sólo se trata de la defensa de la vida, sino que es urgente potenciar una educación que la defienda, desde la concepción del ser humano hasta el último suspiro, rehusando todas las soluciones que promuevan la muerte, estas son nuestras razones.

La Iglesia ha dedicado la solemnidad de Pentecostés para valorar la importancia del Apostolado Seglar, el trabajo evangelizador de los laicos con un alma disponible para llevar los valores del Evangelio a todos. A nadie se le oculta que son muchos los que están trabajando en la viña del Señor como discípulos, como hijos de la Iglesia; a todos nos llegan las inquietudes y la sensibilidad espiritual, tanto si los laicos trabajáis en silencio, como cuando estáis en la brecha sirviendo a los más necesitados. Esta es una oportunidad más para seguir adelante sin que os pueda el desánimo, fuertemente agarrados al Espíritu. Promoved la dignidad de la persona, el respeto inviolable al derecho a la vida, la libertad para invocar el nombre del Señor, la defensa de la familia, la caridad como el alma de toda solidaridad, la defensa del hombre en el centro de la vida económica y social, la evangelización de la cultura…

Que el Señor os bendiga a los que estáis activos en la Iglesia gastando la vida en la nueva evangelización.

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