Reflexiones semanales
26 de marzo 2017

El ciego de nacimiento

IV domingo de Cuaresma

En estos domingos de Cuaresma estamos viendo cómo la Palabra de Dios nos va presentando a Jesús como el centro necesario de nuestra vida, Él se presenta adelantándonos la vida en Dios transfigurada, el agua que salta a la vida eterna, la luz que nos ilumina y nos abre los caminos de la esperanza. La necesidad que se nos plantea es que hay que buscar tiempo para estar cerca de Cristo y para escuchar sus palabras que calan hondo. El Papa Benedicto XVI en su primera Carta Encíclica nos explicó el porqué: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCE, nº 1). Toda la predicación de los Apóstoles tiene como fundamento psicológico y existencial la experiencia de su encuentro personal con Cristo Jesús (Natanael, Zaqueo, la Samaritana, el ciego de nacimiento...). Cristo, al inicio de su predicación, reúne en torno a sí a los Apóstoles a través de una propuesta concreta: la de convivir con Él la vida de cada día. Es tan importante esto para un discípulo, para un evangelizador, que debe pasar por la experiencia del encuentro con el Señor, que es lo que nos da fortaleza para anunciarle: “Si tu corazón se cree lo que tus labios profesan, te salvarás”, dice San Pablo en Romanos. Venga, no perdamos el tiempo en lo secundario, en las técnicas y en los diversos métodos mundanos que prometen y prometen… Tú ve a lo esencial, y lo central es la verdad de la que somos portadores: Cristo Salvador y Redentor, que nos da la luz y siempre permanece junto a ti.

La parábola del ciego de nacimiento hace un recorrido por la experiencia de este joven hasta que él mismo llega a la conclusión de que nadie le quería como Jesús y que no sólo ha recibido de Él la posibilidad de ver el rostro de las personas queridas, también las maravillas de la Creación, además de recibir la luz de la fe. Todo gratis, con sencillez, sin controversias, en silencio. Lo admirable del caso ha sido que la iniciativa de estos dones ha partido de Cristo, que ha estado muy cerca de este joven ciego, incluso cuando las cosas le iban peor a causa de las incomprensiones de sus paisanos, que le despreciaban. El único que permaneció junto a él fue Jesús. La Palabra nos hace entender a cualquiera de nosotros, que el ciego de nacimiento eres tú, que muchas veces vives sin ver y necesitado de tener la misma experiencia del joven, necesitas fiarte. Comienza hoy mismo preguntándote: ¿Qué me causa la ceguera? ¿Qué me frena para ver con claridad a Jesús? ¿Qué me impide creer en Él?

No será extraño que sientas la necesidad de acercarte más al Señor para que te cure y para que te aumente la fe. Sé humilde, déjate llevar con dulzura de carácter. ¡Déjate llevar por el Espíritu! Basta con que cada día le escuches sin poner resistencias, guardando silencio y admirado por la gracia del que seguro saldrá a tu encuentro. Al poco tiempo tú mismo podrás decir que lo que has escuchado en el Evangelio es una historia real, porque estará hablando el protagonista de ella: tú.

Feliz domingo.

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