Reflexiones semanales
5 de abril 2020

Domingo de Ramos, semana de Pasión

Domingo de Ramos

Comenzamos una Semana Santa con toda la grandeza y sentido de siempre, pero de una manera especial al no ver las procesiones por nuestras calles y plazas. ¿Se ha apagado la vida? ¿Cómo podremos vivir una Semana Santa sin los pasos en la calle? ¡Cuántas preguntas guarda dentro nuestro corazón! Pensemos un momento en la situación que ha vivido y está viviendo la humanidad entera, cómo hemos tenido que subir al monte Calvario, todos, con el peso de una cruz que ni nos imaginábamos, a causa de un virus pequeño, pero con una fuerza descomunal. Los progresos de la humanidad en tantos campos parece que nos han oscurecido la realidad, que seguimos siendo frágiles y débiles, pero esta situación vivida nos está enseñado algo positivo, que necesitamos a Dios, que es importante abrir las puertas a la confianza y esperanza en Dios. Y, ¡claro que podemos vivir la Semana Santa con todo su esplendor!

Esta Semana Santa será la más inolvidable de la historia, porque habremos aprendido a escuchar a Dios, a hacer silencio para contemplar y para meternos en la historia siguiendo a Cristo cargando con la cruz por la Vía Dolorosa. Hay que vivir la Semana Santa, un tiempo lleno de hermosas experiencias y numerosos avisos del ejemplar y fiel amor entregado de Nuestro Señor. Cristo, en este Domingo de Ramos, vuelve a ser aclamado a la entrada de Jerusalén; a estos gritos les seguirá la petición de que le crucifiquen. Será preciso hacer un alto en el camino para contemplar y para ver si tú también estás en el grupo gritando o eres de los que se preguntaban: “¿Quién es este?”. Lo cierto, es que Jesucristo entró en Jerusalén entre los gritos de alabanza de unos, la indiferencia e ignorancia de otros y la confesión de fe de los creyentes… La gente suele vivir más o menos superficialmente los acontecimientos, por esta razón te propongo que pongas mucha atención y participes con intensidad en este nuevo Domingo de Ramos.

Anota en tu cuaderno las palabras dirigidas a los discípulos tras el encuentro con la Samaritana: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió a acabar su obra” (Jn 4, 34). Jesús vive de la voluntad del Padre, aquí está la clave de la Semana Santa, en esta Historia de Amor que ha comenzado en la obediencia al Padre. El testimonio valiente de Jesús nos da seguridad para no caer ante las tentaciones que nos plantee la vida, nos servirá de criterio y nos abrirá las puertas de la esperanza. Sabiendo imitar a Cristo no tendremos miedo, se nos disiparán las dudas. Os ruego que sigáis las celebraciones de la Iglesia, como habéis hecho en este tiempo de crisis y ofrezcamos este sacrificio por todos los crucificados del mundo. Mi respeto y admiración por todos los cofrades, por vuestro valor y ejemplo. Mantened la esperanza, que Dios devuelve el ciento por uno.

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