Reflexiones semanales
25 de marzo 2018

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Domingo de Ramos

En la celebración de este día nos centramos en la entrada de Jesús en Jerusalén, montado en un borrico. Con este acto de humildad, nos muestra así el camino de abajamiento, que le llevará hasta la muerte y una muerte de cruz. Son dos aspectos importantes los que se resaltan hoy: por una parte el anuncio de su Pasión y, en segundo lugar, la victoria sobre la muerte de Nuestro Señor.

En este Domingo de Ramos, Cristo vuelve a ser aclamado a la entrada de Jerusalén, quizás seas tú uno de los que está gritando: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”. Es posible, pero, también, puede que seas uno de los que pregunta: “¿Quién es este?”. También es posible. No faltaron, entre los asistentes, quienes lo aclamaban de corazón, quienes reconocían su grandeza: “¡Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea!”. Jesucristo entró en Jerusalén entre los gritos de alabanza de unos, la indiferencia e ignorancia de otros, y la confesión de fe de los creyentes… Pon mucha atención y participa con intensidad en este nuevo Domingo de Ramos, porque Jesús nos enseñará a hacer la voluntad del Padre. Este es su alimento. En la Sagrada Escritura podemos ver su conciencia clara y decidida a hacer la voluntad del Padre, recordad lo que dijo en otro momento de conflicto con los judíos: "Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy Yo, y no hago nada por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, hablo. El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque Yo hago siempre lo que es de su agrado" (Jn 8, 28-29).

Jesucristo es el fundamento de nuestra fe, ha sido la voz del Padre pronunciada para nosotros, para que creamos en Él, para que le escuchemos y le sigamos. Su glorificación pasará por la Cruz. Creer hoy en Jesucristo, muerto y resucitado, es una experiencia personal y comunitaria, es un dejarse seducir, como dijera Jeremías, es un dejarse redimir. Dios, a través de su Hijo, se ha empeñado en ofrecernos la salvación y quiere que abandonemos el mal.

Creer en Jesucristo es un regalo del cielo, porque el Padre te premiará, supone que has elegido bien, el Camino, la Verdad y la Vida. Mediante la fe, Cristo habita en el corazón del creyente, por eso el discípulo se asemeja a su Señor y se configura con Él, lo cual es fruto de la gracia, de la presencia operante del Espíritu Santo en nosotros. Creer en Jesucristo hoy implica promover la vida; creer en Jesucristo lleva a evangelizar, anunciar el Evangelio; creer hoy en Jesucristo es aceptar que somos, por Cristo, el pueblo de la vida, que hemos sido redimidos por el autor de la vida. Le hemos costado caro a Dios, a precio de sangre, y en estos días veremos cómo Jesús pasa por el sufrimiento, con bofetadas e insultos y no abrirá la boca, porque está experimentado en dolores. El Varón de Dolores nos podrá consolar y confortar. Entró en el camino de la cruz y escogió como suyos los sufrimientos, no sólo físicos, sino morales que le acompañaron hasta la muerte, todo por amor a nosotros, para darnos la prueba decisiva de su amor, para reparar el pecado de los hombres.

Preparaos bien para vivir este Misterio de amor durante la Semana Santa, especialmente en los Oficios del Jueves, Viernes y Sábado Santo de vuestras parroquias.

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