Reflexiones semanales
17 de enero 2021

Aquí estoy, porque me has llamado

II domingo del Tiempo Ordinario

Acabadas las fiestas de la Navidad, comenzamos otra etapa en el año litúrgico, se llama Tiempo Ordinario. Lo que se propone es prestar atención al día a día para vivir la fidelidad a Dios, profundizando en el misterio de Cristo a lo largo de todo el año. Prácticamente son unas 34 semanas, un largo periodo de tiempo para reposar la Palabra de Dios que se proclama y para interiorizarla, de esta manera, el fiel cristiano podrá conocer mejor el Misterio del amor de Dios. Se dice algo muy bello en las indicaciones para este tiempo, que «en lo ordinario es donde acontece lo extraordinario: el Misterio Pascual de Cristo y nuestra comunión con Él». Recordemos que, desde el Bautismo, el Señor nos ha regalado una vocación singular, la santidad, pero para alcanzarla hay que cuidarla mediante la escucha de la Palabra de Dios y de los sacramentos, sin olvidar la importancia de la caridad.

Lo primero que aprendes en esta etapa nueva es que Dios nos hace descubrir que es Él quien lleva la historia, pero una historia de salvación, fundamentalmente pensada para nosotros. La iniciativa es de Dios, nace de su corazón misericordioso. Descubriremos que Dios no está lejos, sino muy cercano a nosotros y a nuestras cosas, que nos conoce bien y está siempre a nuestro lado. Cuando has tenido experiencia de Jesucristo sabes que es tu seguridad, aunque estés pasando por momentos de oscuridad o de pruebas. Santa Teresa de Ávila dice que Dios no se muda, que siempre está cercano, aunque no lo veas. Si nos detenemos un momento en la primera lectura de este domingo, escucharemos la experiencia del joven Samuel, que andaba desconcertado porque no se enteraba de la cercanía de Dios; descubriremos la importancia de tener cerca un buen guía espiritual, como era Elí, el cual le hizo ver que era Dios mismo el que le estaba llamando y le invitó a que respondiera libremente, sin temor, pero con prontitud, porque la lámpara de Dios no se apaga (cf. 1Sm 3,2), sigue encendida. Lo maravilloso es poder comprobar que, mientras todos duermen, Dios está despierto y llama.

El Evangelio se centra en el comienzo de la actividad de Jesús, que sale al encuentro y llamando a los que serán sus discípulos. La iniciativa es de Jesús que llama, la persona llamada le responde en libertad. Unas veces es Jesús mismo quien te señala y otras, lo hace a través de la mediación de otro, como el caso de Juan el Bautista, que les señala al Cordero que quita el pecado del mundo. Así, desde la libertad de la respuesta y la maduración en la fe, se preparan los que serán los testigos. La pregunta que le hacen a Jesús -«Maestro, ¿dónde moras?»- está indicando que quieren saber mucho más de Él, porque necesitan permanecer junto al que ya saben que es la verdadera meta de su vida. Junto a nuestro Señor seguirán escuchando, contemplando, orando y aprendiendo de su estilo, de su sabiduría. Jesús les instruirá acerca del amor y del cuidado que Dios tiene por cada criatura. Escucharán muchas veces lo que han oído los elegidos de Dios a lo largo de la historia de la salvación: «No temas». El Padre nos ha dado la vida y nos la ha dado para siempre y Él es fiel.

Aprendiendo a estar junto a Dios, se acabaron los miedos, las tensiones, las ansiedades…

Feliz domingo.

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