Temporada

Llega mayo y con mayo las flores, y con las flores un arcoíris colorido en el campo. Las parroquias, durante este mes, se visten de gala no solo porque se celebra el mes de María, nuestra Madre y Señora, sino porque por costumbre reciben a Jesús por primera vez un buen número de niños. Lo que se conoce como la temporada de comuniones.

Recientemente, en una conversación con unos familiares, comentábamos el cambio que han sufrido estas celebraciones a lo largo de los años. Hace solo unas décadas la celebración era austera y casi sin gasto, en ocasiones bastaba una olla de chocolate y unos bizcochos caseros al salir de misa. En otro tiempo, quizás algunos hayáis recibido a Jesús así, ni siquiera se estrenaba vestido o traje, con lo puesto se iba a la Iglesia y el cura iba dando la Primera Comunión con tan solo la presencia de la catequista.

En la actualidad, la preparación ha crecido sustancialmente, y no digo que esto esté mal, para muchas familias sigue siendo un acontecimiento que pone de manifiesto la importancia de Jesús en sus vidas. Sin embargo, considero que lo realmente importante sigue estando presente, me refiero a ese encuentro íntimo y personal de un cristiano con la Eucaristía hecha pan, con Jesús que viene a hacer morada en ti, y aunque parezca mentira es uno de esos días que nunca se olvidan, que se recuerdan cada vez que te preguntas cómo empezó todo. Y tú, ¿recuerdas el día de tu Primera Comunión?

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