Ser lugar de esperanza

Las palabras del Papa León XIV a los nuevos obispos sobre la esperanza nos han llevado, casi sin darnos cuenta, a mirar nuestra propia historia. El Papa recuerda que la Iglesia no está fuera del mundo, sino en medio de él, llamada a caminar con las personas y a ser para ellas un lugar de esperanza.

Cuando pienso en esto, no pienso primero en una idea. Pienso en una casa. La Iglesia ha sido para mí el lugar donde he conocido a Jesús, donde he aprendido a confiar, donde he encontrado personas que me han acompañado y donde también he podido volver a empezar tantas veces.

Y esa casa se hizo más concreta cuando descubrí mi vocación. En la vida contemplativa he aprendido que la esperanza no siempre llega acompañada de grandes respuestas. A veces nace sencillamente de permanecer. De levantarse cada mañana, rezar, celebrar la Eucaristía, compartir la vida con las hermanas y poner delante del Señor aquello que nos preocupa. También hasta aquí llegan los dolores y las esperanzas de muchas personas. Rezamos por ellas y las confiamos a Dios. Es nuestra manera de estar cerca.

Nuestra Madre Inmaculada ha sido siempre para nosotras una presencia cercana. Ella supo esperar, guardar en el corazón y permanecer junto a Jesús aun cuando no comprendía el camino.

Desde nuestra vocación, queremos seguir siendo parte de esa Iglesia que acoge y acompaña, llamada a ser casa de esperanza para toda criatura. Una casa donde nadie se sienta olvidado y donde podamos descubrir, incluso en medio de la noche, que Dios sigue caminando con nosotros.

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