Segundo plano nivel experta

En España celebramos el Día del Padre en la solemnidad de san José y el Día de la Madre en el primer domingo de mayo, en el mes de María. Cuando la primavera está en su mayor apogeo, cuando todo está en flor y la creación exulta de belleza la Iglesia dedica de forma especial este mes a la Madre de Dios, Madre de la Iglesia.

No me gusta cuando se representa a María de forma ñoña, temerosa, frágil; cuando fue decidida, valiente, fuerte. Conservamos pocas palabras suyas porque siempre estuvo en un segundo plano, pero qué madre no hace eso. Las madres sirven colmados los platos de toda la familia y los suyos siempre son más pequeños porque suelen tener poca hambre… Las madres cuidan bien su ropa porque saben que ha de aguantarles muchas temporadas para poder ir actualizando el armario del resto de la casa. Las madres tienen una paciencia infinita para explicar las cosas una y otra vez; una fortaleza inexplicable para soportar el sufrimiento; y una capacidad innata para fomentar la autonomía sabiendo que dolerá ver a los hijos tropezar. Las madres son verdaderas especialistas en pedir perdón y decir «te quiero»; sus abrazos siempre sanan, incluso cuando con el tiempo les ganamos en altura.

La belleza de la maternidad está en el amor puro y desinteresado, en la hermosura del alma femenina que tan magistralmente definió Edith Stein en su conferencia Fundamentos de la formación de la mujer. Dirá Stein que el alma femenina se deja llevar por su instinto natural; es amplia y abierta a todo ser humano, generosa; también es silenciosa, porque si hace ruido no podrá escuchar la vida que ha de proteger; es sosegada, cálida y luminosa; es recogida dentro de sí y vacía de sí misma para saber acoger la vida; y, a la misma vez, el alma de la mujer es señora de sí misma. ¡Feliz día a todas las madres!

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