Mañana, 10 de octubre, celebramos el Día Mundial de la Salud Mental. Seguramente por eso el Papa León nos pide este mes rezar «por la pastoral de la salud mental», por quienes sufren y para que la Iglesia sepa integrar este cuidado en su misión.
A veces hay una enfermedad mental. Otras, una vida que ahoga: no encontrar un trabajo digno, no llegar a fin de mes, cuidar hasta sentirse desbordado, vivir en soledad no deseada, no poder acceder a una vivienda, migrar y no sentirte acogido, exigirse estar siempre bien, llegar a pensar que ya no puedo más…
Y, ante esto, ¿qué podemos hacer como Iglesia? Por supuesto no sustituir a los profesionales. Ahí están ellos y también el movimiento asociativo de familias y personas con problemas de salud mental, que tan buen trabajo hace en nuestra Región. Pero sí podemos hacer algo muy al estilo de Jesús: acercarnos con compasión. Escuchar sin juzgar, acompañar, combatir el estigma, orientar o procurar que nadie atraviese su sufrimiento solo.
Algo ya se hace y hay experiencias acompañando la soledad no deseada, creando espacios de encuentro, iniciando grupos de apoyo o sosteniendo también a quienes cuidan. Quizá una pastoral de la salud mental pueda empezar por ahí.
El Papa termina su oración de este mes (vean el video de la Red Mundial de Oración del Papa) pidiendo al Espíritu que nos ayude a ser «signo vivo de la misericordia de Dios, que nunca abandona y siempre restaura». La pregunta es: ¿estamos dispuestos a serlo y hacerle sitio a esta pastoral?