El Papa finaliza hoy su viaje apostólico a España y nos deja imborrables momentos y palabras frescas que saben tan solo a Evangelio. Mensajes de aliento y retos claros para todos.
A los jóvenes les ha pedido que sean humanos, «rostros fiables», y que se conviertan en la «chista de una humanidad nueva».
«Conjugar prudentemente la libertad y la valentía» es el reto al que anima a los obispos españoles, a ser «presbíteros enamorados de Cristo, radicados en la oración, fieles a la Iglesia, cercanos al pueblo y capaces de unir doctrina sólida, celo apostólico y caridad pastoral».
Ha invitado a los políticos a que actúen «con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio» por el bien común, a que se pregunten «qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes».
Palabras de misericordia y conversión sonaron en la cárcel, recordando a los presos que «los errores de la vida no determinan la identidad de una persona».
Y junto al mar, en el puerto al que llegan «miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco» el Papa expresó de forma contundente: «El Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche».
Y a ti ¿qué te ha dicho?