¡Alza la mirada!

Es muy emocionante, si tienes la oportunidad, poder estar en la plaza de San Pedro en los ángelus de los domingos o durante una de las audiencias generales de los miércoles, o poder participar en la celebración de la Eucaristía que él preside en la basílica de San Pedro. Escucharle y sentirle cerca. Es el elegido por el Espíritu Santo para guiar los pasos de la Iglesia. Un hombre, a veces más joven otras veces más anciano; con vitalidad o lidiando con la enfermedad; llegado desde el otro lado del charco o del viejo continente; pero siempre un hombre y un hombre de Dios.

Estos días tenemos la suerte de poder tenerlo en casa. Visitará nuestro hogar, le escucharemos hablar en nuestra lengua materna; nos traerá palabras de consuelo y esperanza; invitándonos a la conversión y a la misión.

Habrá momentos muy emocionantes, pero sin duda, la misa del domingo y la procesión junto al Rey de reyes será… Cristo y su vicario por las calles de la capital española. ¡Guau! Porque ahí está lo importante, el Papa no es un gran líder ni un influencer, es quien nos recuerda el camino y nos conduce hacia el Único que puede salvarnos. El Papa no es el protagonista de esta visita, es Cristo, siempre es Cristo.

Sin duda, esta es una oportunidad para renovar nuestra fe, de forma individual y como Iglesia; de revitalizar nuestro compromiso; de convertir nuestro corazón; de ser más hombres y mujeres de Dios, y, por lo tanto, más humanos. «No estoy hecho para mirar al suelo», dice el himno de esta visita apostólica, y qué cierto es, «me creaste para mirar al cielo», puesto que allí es donde está mi verdadero hogar, el lugar del que procedo y al que quiero regresar, por eso «alzo la mirada».

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¡Alza la mirada!

Nada de «sentido común», amor incondicional