Constructores de paz

Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial son los países africanos que el Papa León XIV está visitando estos días en su tercer viaje apostólico (aunque a él le hubiese gustado que este fuera el primero).

Mientras los intereses políticos miran hacia la guerra en Irán (con un 12 % de las reservas globales de petróleo) o la invasión rusa en Ucrania (donde se encuentra el 5 % de las reservas mundiales de tierras raras), el Papa visita cuatro países del continente siempre olvidado: África. A los ojos del mal denominado «primer mundo», malacostumbrados a las lentillas de la contaminación, del ego y del poder, les cuesta adaptarse a la clara luz del sol africano, quizá por eso, o quizá directamente porque no interesa, los líderes políticos y medios de comunicación de occidente no miran hacia este lugar en el que hay diferentes conflictos armados sobre los que se podría alzar la voz, donde se trafica con los derechos de las personas, donde los cristianos sufren persecución…

No para hacer política exterior, no en un viaje diplomático sino apostólico, el Papa visita estos países africanos como una «oportunidad muy importante para promover la reconciliación y el respeto entre los pueblos», con el objetivo de llevar «el mensaje de la Iglesia, el mensaje del Evangelio: bienaventurados los constructores de paz». Una paz que no dependa de intereses particulares, una paz auténtica que «debe encarnarse en un estilo, personal e institucional, que repudie toda forma de violencia».

¿Pero cómo afrontar este estilo si la ira y la violencia se abren paso en lo cotidiano? En los insultos gratuitos en redes sociales o en el mismísimo Congreso de los Diputados; entre el público que anima a su equipo de fútbol, aunque este sea de alevines; al volante del coche o en la cola del supermercado… La madre Teresa de Calcuta lo tenía claro: «La paz comienza con una sonrisa».

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