¿Y si todo está regalado de antemano?

Cuando supe que él venía y me invitaron a participar, me preparé a conciencia. Puse pilas nuevas en mi grabadora, fui a la peluquería y me coloqué el abrigo que me encanta de mi madre (que por aquel entonces me quedaba divino). Y allí estaba yo, disfrutando de un momento histórico en un lugar privilegiado y cerca de él.

Cuando supe que ella estaba de camino decidí que había cosas que debía mejorar en mí. Apagué definitivamente el humo porque no quería que ella pudiera ver u oler nada en mí que le hiciera mi persona desagradable. ¡Ay qué ilusa! Me cegaba la ilusión. Todavía hoy me molesta que haya cosas en mí que a ella (a ellas) puedan desagradarle.

¡Qué cosas! Cómo nos preparamos ante determinadas personas que son importantes para nosotros. Cómo cuidamos nuestra manera de actuar, nuestra estética, nuestros hábitos, no solo por agradar al otro, sino para que también puedan ver en nosotros un ejemplo o al menos no algo malo que imitar. Y muchas veces hay detrás un deseo inconsciente de sentirse valorado, apreciado, amado…

Cada día se nos brindan nuevas oportunidades para ser la mejor versión de nosotros mismos, aquella que consta en nuestro diseño original. ¿Y quién nos brinda esas oportunidades? El creador del diseño. Aquel que vino, que viene y que vendrá. Aquí no hay necesidad de impostar nada porque todo está regalado de antemano, todo se nos dio ya; no esperamos ser correspondidos, sino que, a pesar de todas nuestras debilidades y de nuestros muchos empeños, somos amados hasta el extremo. Tan solo es cuestión de mantener la lámpara encendida. ¡Feliz Adviento!

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