Por la intercesión de san José

En nuestro monasterio hay una intención que vuelve una y otra vez en la oración: pedir al Señor nuevas vocaciones para la Iglesia y rezar especialmente por nuestro seminario diocesano. Sentimos la misión de sostener con la oración el camino de tantos jóvenes que buscan su lugar en la Iglesia y pedir también luz para sus formadores. Esta súplica siempre la confiamos a san José.

En nuestra iglesia hay un cuadro, El sueño de san José, que para nosotras es muy querido. Al terminar la oración o al pasar en silencio, nos detenemos un momento delante de él. No hacen falta muchas palabras: vemos a san José cuya postura refleja humildad, confianza y obediencia, mostrando cómo la voluntad de Dios se le comunica por medio de un ángel, en sueños. Cuando nos rendimos y dejamos de luchar nuestras batallas, permitimos que Dios actúe a nuestro favor. Así sucede también con la vocación en el seguimiento de Cristo: a veces queremos huir para quedarnos en nuestro mundo, pero Dios nos guía a levantarnos, retomar el camino y avanzar ilusionados y confiados, aceptando su voluntad cada día con serenidad.

Al contemplar la vida de santa Beatriz aprendemos precisamente eso: confiar, esperar y vivir cada instante con gratitud. Porque las grandes obras de Dios comienzan como una semilla que crece poco a poco… hasta que un día da fruto para toda la Iglesia, convirtiéndose en verdadera bendición que ilumina a los que la reciben.

Felicitamos a quienes han celebrado a san José, con un recuerdo entrañable para nuestro obispo en su onomástica.

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