Se acerca el momento de tomar una decisión importante: elegir el lugar donde vuestros hijos pasarán su infancia y juventud. Como religioso y educador marista, me gustaría invitaros a cerrar los ojos un instante y preguntaros: ¿Qué es lo que realmente sueño para mi hijo/a?
Más allá de los idiomas o la tecnología (que por supuesto, todos ofrecemos), sé que buscáis un entorno donde vuestro hijo se sienta seguro, querido y, sobre todo, reconocido en su singularidad. En esta sociedad nuestra, que a veces parece haber perdido el norte, la escuela católica se levanta como un pilar de sentido. No somos solo centros de enseñanza; somos comunidades de vida donde cada alumno es acompañado en sus preguntas más profundas, sintiéndose parte de una gran familia que trasciende las aulas. No buscamos imponer un camino, sino ofrecer una brújula: los valores de Jesús que dan sentido y dirección. En nuestras clases, la solidaridad y el respeto se viven en cada gesto, enseñando a los alumnos que la verdadera inteligencia es la que se usa para mejorar la vida de otros. Queremos que vuestros hijos sean personas valientes frente a la injusticia y sensibles ante la necesidad, capaces de transformar su entorno con lo que han aprendido con nosotros.
Elegir la escuela católica es apostar por una educación integral que cuida el alma tanto como la mente. Es confiar en un proyecto que busca formar personas con propósito y ciudadanos comprometidos, capaces de construir un mundo más humano. Os abrimos nuestras puertas con sencillez y cercanía, deseando caminar a vuestro lado en la apasionante aventura de verlos crecer. ¡Os esperamos con el corazón abierto!