Muchas personas cercanas a mi entorno están usando la palabra moda. «¡Estarás contenta de lo que Dios se ha puesto de moda!», «¡Qué pasado de moda eso de ir a cantar a la iglesia!», «¡Menuda movida esos retiros de moda de fin de semana!».
A mí me produce tristeza que equiparen a Dios con una moda. Craso error. Dios lo es todo, no es pasajero, no es de quita y pon. En verdad he de confiar en los tiempos y formas que Dios tiene para cada persona y aun así me queda la gran duda de a dónde va a llegar todo esto.
¿Es de Dios tanta moda? ¿O es del eterno rival modernizar, banalizar o incluso disfrazar de sentimientos pasajeros lo que es profundo, transformador, radical e incondicional como es el amor de Dios? No es propio de mí este pesimismo, quizás es que en este tiempo de Cuaresma veo tan poca autenticidad, veo confusión con el sacrificio y ofrecimiento del ayuno que se utiliza para adelgazar, la limosna para darse a conocer en lo generosos que somos, la oración con meditación y tiempo de encuentro consigo mismo… No, orar es hablar con Dios, encontrarte con él para conocerte mejor; pero siempre a través de él y en él. Que el ayuno es una gracia que hay que pedir y ofrecer para el bien de las almas. Y la limosna, clarito está en Mt 6, 3. Cuánta humildad, cuánta prudencia y confianza me falta. Feliz y santa Cuaresma a todos.