Las pequeñas decisiones puedan cambiar el rumbo de la historia

El otro día veía de nuevo uno de los capítulos especiales que Carlos Roca preparó para su podcast Roca Project (que este año recibe el galardón de la CEE como Premio ¡Bravo! de Podcast), en el que preguntaba a varios de sus entrevistados qué le preguntarían a Dios, teniendo en cuenta dos premisas: que Dios existe y que contestaría a esa pregunta. Las respuestas, recogidas en dos programas especiales, son amplias; sin embargo, hay dos ideas que se repiten en varias ocasiones: si la misión o proyecto de vida es el correcto, y por qué Dios permite el sufrimiento. Si lo analizamos bien, ambas cuestiones están totalmente relacionadas.

El ser humano fue creado «a imagen y semejanza de Dios» y en completa libertad, ese libre albedrío que nos da la oportunidad para elegir. A veces son grandes decisiones que creemos influirán en el devenir de nuestra vida: escoger una carrera, iniciar un noviazgo, la compra de una vivienda… Sin embargo, son las pequeñas decisiones del día a día las que van condicionando nuestro porvenir y en las que manifestamos nuestra elección vital.

El sufrimiento y el dolor no son provocados por un ser superior que a placer elige a quién castigar y a quién premiar, sino que son fruto de esas pequeñas elecciones que en libertad entre todos vamos tomando. Podemos elegir ser como Mariano Barbacid o como Jeffrey Epstein. Los dos han llenado titulares en los últimos días. El primero, dedicando toda su vida a salvar la de los demás. El segundo, aniquilando la vida de tantos y tantos inocentes.

Con las pequeñas elecciones de mi día a día puedo posicionarme en uno u otro lugar. Por eso es importante preguntarse de vez en cuando: ¿Cuál es verdaderamente mi misión? Pues, de mi elección hoy dependerá el mañana.

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