La debilidad como fuente de gracia

«Mi gracia te basta, pues mi fuerza se realiza en la debilidad» (2 Co 12, 9). ¿Qué es eso de la gracia de Dios? ¿Por qué nos dice el Señor que se realiza en la debilidad? La gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada, una participación en la vida de Dios (CEC 1996-1997). Para poder vivir como el Señor quiere, y llegar a ser santos, no solo son precisas nuestras fuerzas, sino que necesitamos la ayuda y el auxilio de Dios.

De esta gran verdad aprendemos que para que la gracia actúe en nosotros necesitamos darnos cuenta de que no somos perfectos, necesitamos ser conscientes de la necesidad que tenemos de Dios en nuestras vidas para poder conseguir lo más excelso, la santidad, o, dicho de otra forma, nuestra realización más plena, feliz y absoluta como seres humanos; o, como le diría Jesús en un encuentro místico que tuvo con la sierva de Dios madre María Luisa Zancajo de la Mata, el primer escalón para alcanzar la santidad es la humildad.

Solo cuando nos damos cuenta de que somos frágiles y débiles ante el pecado y las tentaciones es cuando somos conscientes de la necesidad que tenemos de la gracia o auxilio de Dios. Por este motivo Jesús le dice a san Pablo «mi fuerza se realiza en la debilidad». Pues es en los momentos en los que somos más vulnerables cuando nos damos cuenta de que necesitamos a Dios. El ser humano es así, únicamente es capaz de saber que necesita a Dios cuando se ve incapaz de sobrellevar o gestionar una circunstancia o situación solo con sus capacidades.

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