A veces nos cuesta vivir en el presente. Nuestra mente es una nave díscola que viaja en el tiempo sin control y que para en estaciones equivocadas, en lugares insospechados, en tiempos pasados, y en el peor de los casos, en tiempos futuros. Depende del entrenamiento de pilotaje de este artefacto para no caer en la más absoluta desesperación.
Al hilo de esta reflexión en voz alta, el otro día volvimos a leer en un poema renacentista en el que Garcilaso ponía de manifiesto el tópico del carpe diem: «Coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto…». Es uno de esos sonetos que gusta a los jóvenes, es como si fuera un manifiesto de su lozanía, de su belleza y de sus cualidades. Muchos adolescentes viven al día, al momento, aprovechan, o eso creen, cada instante como si fuera único. Además, gozan de la inmediatez de su portal social, el más efímero de los presentes, y alardean de su tiempo, de su físico, de su posición, de su inteligencia, e incluso, de su tristeza.
Y mientras tanto, las consultas de los sicólogos están llenas de personas ancladas en el pasado y de otras que sienten vértigo porque se obsesionan con un futuro, inexorablemente incierto; ojos tristes por una carga pasada que les impide ver el contenedor del pasado; listas de espera en salud mental buscando un buen capitán que les enseñe a vivir el presente: «Buscad y hallaréis».
¿Y tú, sabes pilotar tu mente?