Duchas parroquiales

Has leído bien, duchas parroquiales. Ese es solo uno de los proyectos en el que se ha embarcado la comunidad parroquial de Nuestra Señora de Fátima en el barrio murciano de Vistabella. Porque hay hermanos que viven en la calle y otros que malviven en infraviviendas, y no se pueden permitir el lujo de darse una ducha.

Es cierto que en Mt 25 no se habla de duchas, pero sí de extranjería: «Fui forastero y me acogisteis» (35), «fui forastero y no me acogisteis» (43). Esa es la alternativa y la elección: acoger o rechazar.

Y no valoro la regularización de inmigrantes decretada por el gobierno, este artículo trata de mirar a los ojos a un hombre o a una mujer, de mi raza o de otra, de mi religión, de otra o de ninguna, alejado de los suyos, y de acogerlo o ignorar su existencia, pero después de descubrir en su mirada a otro Cristo.

«Alter Christus, ipse Christus» («otro Cristo, el mismo Cristo») que aceptamos sin dudar para referirnos al cura que, configurado sacramentalmente por el ministerio del Orden, actúa en la celebración in persona Christi, pero que quizá nos cuesta más referida a las palabras de Jesús recogidas en Mt 25: «Os aseguro que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis».

Por cierto, esa misma parroquia puede estar orgullosa de una bellísima capilla del Santísimo, levantada donde antes había un trastero. ¿Tendrá que ver una cosa con la otra?

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