«Nuestro deseo es que den buenos frutos»

María Lucía Ruiz Sánchez, profesora de Educación Secundaria, es ceheginera y vive su fe en la Parroquia Santa María Magdalena. Hoy comparte su testimonio como madre y como madrina de Bautismo.

P.: Perteneces a la Parroquia Santa María Magdalena de Cehegín. ¿De qué manera colaboras en ella?

R.: Mi marido Juan y yo hemos estado siempre vinculados a nuestra parroquia de la Magdalena en Cehegín. Él de pequeño ayudaba como monaguillo y en el taller del belén parroquial, entre otras actividades. Los dos hemos ido a los campamentos organizados desde la parroquia en nuestra juventud. Hemos formado parte del coro y también hemos sido catequistas de Comunión, Confirmación y de cursillos prematrimoniales.

P.: También eres madre de cuatro hijos, tres chicos y una chica. ¿Cómo vives tu maternidad en clave de fe?

R.: A todos los hijos se les quiere por igual y se les educa con los mismos valores. Luego ya, en función del carácter y la personalidad de cada uno, su vida va evolucionando de una manera u otra. Pero lo importante es poner buenas semillas en la mochila de la vida que van a llevar y dejar que Dios se ocupe de que las vayan esparciendo según la necesidad. Nuestro deseo es que den buenos frutos allí donde estén. Ellos saben que nos tienen a su lado en cualquier circunstancia de su vida.

¿En quién me inspiro como madre? En la Virgen María, en su sencillez y entrega, y al mismo tiempo mucha fortaleza para afrontar las situaciones más difíciles. Sin duda, quien también me inspira con su ejemplo es mi madre, que es quien me ha educado. Me ha transmitido los valores de responsabilidad, de trabajo, de entrega, de respeto a los demás, y también el amor por la música, la motivación por aprender y tener una buena formación. Ella es un claro ejemplo de entrega a toda la familia, en cualquier aspecto en el que la necesitemos.

P.: Además de madre, desde hace unos meses eres madrina por segunda vez.

R.: Soy madrina de Bautismo de mi sobrina María, la segunda hija de mi hermano Pepe, desde que era bebé. Pero nunca había sido madrina de una persona adulta. La verdad es que me ha hecho mucha ilusión porque es como darle la mano a una persona y acompañarla en su vida espiritual cuando ya tiene unos conocimientos sobre lo que significa el Bautismo y da el paso de acercarse a la Iglesia con una edad adulta. Y necesita, claro, a personas que la acojan.

Mi labor como madrina de Bautismo de una persona adulta consiste fundamentalmente en la escucha y el acompañamiento, en este caso de Samuel. Es el novio de mi prima. Hace poco que nos conocemos, pero pensó en mi marido Juan y en mí para que fuésemos sus padrinos de Bautismo porque él sabe que somos católicos practicantes y que estamos dispuestos a acompañarlo en el nuevo camino que ha escogido.

Como ayuda en su vida de fe le hemos ido aportando una serie de lecturas de temática cristiana, para reflexionar y comentar con él, como el libro Padre nuestro, de José Antonio Pagola; o El regreso del hijo pródigo, de Henri Nouwen. Además, le hemos grabado un buen número de canciones religiosas porque a nosotros nos gusta mucho la música y pensamos que es un instrumento con gran poder de evangelización, que puede ayudar en momentos de oración, de búsqueda de un acercamiento a Dios, a veces incluso de manera informal.

Carmen García
Graduada en Periodismo. Redactora. Responsable de edición y diseño de la revista Nuestra Iglesia.

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