Juana María Navarro García comparte su testimonio de años de servicio en la Parroquia San Bartolomé de Librilla, donde actualmente forma parte de la Asociación Hijas de María, en torno a la devoción a la Inmaculada.
P.: ¿Cómo ha sido tu colaboración en la Parroquia San Bartolomé a lo largo de los años?
R.: En la parroquia he sido catequista, he estado con el grupo de visitadoras de enfermos, he participado en los grupos de catequesis que hacía el cura para los mayores… Con los niños de Confirmación he estado más de veinte años, pero ya dejé de ser catequista.
P.: ¿En qué participas actualmente en la parroquia?
R.: En el grupo que tenemos de la Virgen, la Asociación Hijas de María. Y también ayudo cuando vienen a hacer limpieza.
Me gusta ayudar y colaborar solidariamente porque esto lo tenemos que hacer nosotros, que somos los que disfrutamos y vivimos nuestra fe dentro de la parroquia.
P.: ¿Cómo empezó esta asociación y por qué te sumaste a ella?
R.: La Asociación de Hijas de María la inició una señora en torno a la imagen de la Inmaculada que tenemos en la parroquia, que es una maravilla. Pero las que formaban parte del grupo se fueron retirando y un día nos dijeron a nosotras que tomáramos el relevo. Conmigo éramos tres entonces y ahora somos un grupo más grande, todas mujeres.
Muchas están en sus casas recogidas porque son muy mayores, pero las hacemos presentes igualmente, con su ofrenda y su donativo; y como no pueden venir rezamos por ellas.
P.: ¿Qué actividad se realiza en la Asociación Hijas de María?
R.: Cuando llega el día de la Inmaculada nos reunimos y cogemos un dinero para pagar gastos de flores y de coro, para poder celebrar una misa solemne en torno a la Virgen y cantarle.
No hacemos más actividades durante el año, porque la imagen que tenemos no procesiona. Pero cuando hay alguna celebración de la Virgen, alguna de nosotras viene con una tarrina y nos encargamos de ponerle algunas flores.
P.: ¿Cómo vives la devoción a la Virgen?
R.: La devoción a la Madre la he vivido toda mi vida. Y aún sigo; cuando hay momentos en los que no me encuentro bien, entonces le digo: ¡Ay, Madre Inmaculada, dame tu mano! Y siento que me la da, porque camino y voy adelante. Así que mi devoción es esa. Tengo mucha fe en ella, en la Virgen, y disfruto y vivo esta fe.