«El día que dije sí fue el día que empecé a vivir de verdad»

José Martínez Marín se ordenará sacerdote este sábado en Caravaca.

Este sábado 4 de julio, la Parroquia San Francisco de Asís de Caravaca de la Cruz acogerá la ordenación sacerdotal de José Martínez Marín, a las 11:00 horas, presidida por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes. Su primera misa será en los Salones Castillo ese mismo día a las 21:00 horas.

A continuación, compartimos el testimonio vocacional de José:

Me llamo José, tengo 27 años y soy el quinto de seis hermanos. Si alguien me hubiera dicho hace años que hoy estaría dedicando mi vida a Dios, no le habría creído. Yo no tenía ningún plan de entregar mi vida al Señor.

He tenido una infancia profundamente feliz. Mis padres me transmitieron la fe desde pequeño y me llevaron a la Iglesia, pero mis sueños eran los de cualquier niño. Tenía mis planes, mis ilusiones y una idea bastante clara de cómo quería que fuera mi vida.

Todo cambió cuando tenía nueve años. A mi padre le diagnosticaron un cáncer con metástasis. Durante cuatro años la enfermedad entró de lleno en nuestra casa y en mi corazón. Recuerdo cómo todo mi proyecto de vida, todo lo que yo imaginaba para mi futuro, se vino abajo de golpe. En ese tiempo me acogió una tía, hermana de mi madre, como si fuera su propio hijo. Fue un verdadero refugio para mí. Pero justo cuando mi padre comenzó a recuperarse, a ella le diagnosticaron otro cáncer. Y murió poco después.

Sin darme cuenta, Dios estaba escribiendo una historia muy profunda en mi vida a través del sufrimiento. A los trece años yo atravesaba una crisis interior muy fuerte. No entendía por qué vivía, qué hacía en este mundo ni quién era realmente. Por fuera mi vida seguía, pero por dentro había una oscuridad y un ruido que no sabía cómo acallar. Fue entonces cuando el Señor me llevó a participar en unas catequesis que transformaron completamente mi modo de ver a Dios y mi modo de verme a mí mismo. Allí descubrí algo que me descolocó por completo: el problema no era si Dios existía, sino que yo estaba viviendo como si no existiera.

Recuerdo cómo el Señor me habló al corazón con una fuerza que nunca había experimentado. Fue tan grande aquella experiencia que un día apareció en mí una pregunta que me dio miedo: ¿Y si Dios me estuviera llamando a entregarle mi vida? Y en el mismo instante en que surgió esa pregunta, surgieron también todos mis miedos. No tenía miedo de Dios. Tenía miedo del qué dirán, de mi imagen ante los demás, de lo que pensarían de mí.

Pero Dios siempre fue más fuerte que mis miedos. A los diecisiete años acepté entrar en el seminario. No fue un momento emocionante ni espectacular. Fue una decisión muy seria, muy consciente y muy silenciosa. Y, desde entonces, he podido comprobar algo que durante años no entendí. Cuando mi padre estaba ingresado en el hospital, mi madre me llamaba cada mañana por teléfono para despertarme e ir al colegio. Siempre me repetía la misma frase: «Pon al Señor lo primero en tu vida y Él te dará todo lo que pide tu corazón». Durante mucho tiempo no comprendí esas palabras. Hoy sí. Porque he descubierto que lo que realmente pedía mi corazón era entregar mi vida a Cristo. Y ahí, precisamente ahí, he encontrado una felicidad que nunca habría imaginado.

Cuando miro atrás, veo con claridad cómo Dios me ha llevado con una delicadeza impresionante, como un niño en brazos de su madre, respetando mis tiempos, mis miedos y mis resistencias, como un padre y como un caballero. Donde muchos pueden ver que renuncié a mi vida, yo veo que el día que dije sí fue el día que empecé, por primera vez, a vivirla de verdad.

María de León
Delegada episcopal de Medios de Comunicación Social. Licenciada en Periodismo y grado en Bachiller en Teología.

Compártelo en