En las próximas semanas tres jóvenes de la Diócesis de Cartagena serán ordenados sacerdotes en las celebraciones presididas por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes.
Antonio David Gil Pereira será el primero en recibir el Orden Sacerdotal, este domingo, 28 de junio, a las 19:00 horas, en la Real Basílica de Nuestra Señora de la Caridad de Cartagena. La misa de acción de gracias será también en esta basílica, el lunes, a las 19:00 horas.
A continuación, compartimos el testimonio vocacional de Antonio:
¿Qué puedo hacer por Cristo? Esta pregunta que surgió en mi interior en unos ejercicios espirituales ha marcado mi proceso de búsqueda vocacional, que culminará, tras varios años de formación y discernimiento en el Seminario Diocesano San Fulgencio, con la ordenación sacerdotal.
Este proceso comenzó en mi infancia, en Cartagena, donde estudié en un colegio católico. Recuerdo este tiempo con especial cariño, sobre todo cuando acudíamos a la capilla a rezar a la Virgen durante el mes de mayo. Fue en el colegio donde di mis primeros pasos en la fe, donde recibí la Primera Comunión y la Confirmación.
En mis años de bachillerato me invitaron a participar en «Adoremus», un encuentro de jóvenes con Jesús Sacramentado. Allí descubrí que Jesús estaba vivo y que me amaba. Conocí por primera vez a jóvenes cristianos, con las mismas inquietudes y preocupaciones que yo, que vivían su fe de manera coherente. Al empezar mis estudios universitarios de Derecho me trasladé a Murcia, allí conocí a un sacerdote que me ayudó a profundizar en el conocimiento de Jesucristo por medio de la oración, la práctica de los sacramentos y la vivencia de la vida cristiana. El ejemplo de entrega de este sacerdote, Miguel Conesa (fallecido en accidente de tráfico junto con los feligreses de su parroquia cuando venían de una peregrinación), me marcó profundamente.
En el año 2011 participé en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. Fue una experiencia inolvidable, el encuentro con el Papa Benedicto XVI y con tantos jóvenes que creían lo mismo que yo, fue un gran un impulso para mi fe. Yo le pedía al Señor que me mostrase el camino que debía seguir y lo que quería de mí. Durante este tiempo pude acompañar a varios de aquellos jóvenes que habían dado su vida a Jesucristo por medio del sacerdocio y de la vida religiosa. Su testimonio de entrega a Dios me animaba a ser generoso y a buscar su voluntad.
Cada vez iba comprometiéndome más en mi parroquia, Nuestra Señora de la Esperanza, en especial en la catequesis con los jóvenes de Confirmación. Recuerdo unos ejercicios espirituales en los que ante las preguntas de san Ignacio de Loyola: «¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué puedo hacer por Cristo?», surgió en mi interior la idea de entregarme a Dios por medio del sacerdocio. Fui a visitar al rector del seminario y a plantearle mis inquietudes. Tras un tiempo de discernimiento decidí entrar, abandonando mis proyectos de vida personales y profesionales.
Durante toda mi vida siempre me he sentido especialmente acompañado por la Virgen María, a la que me enseñaron a rezar desde pequeño, a ella le confío mi futuro ministerio sacerdotal.