Confianza en la acción de Dios

«Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio» (Rm 8, 28). Estas palabras nos invitan a confiar en la acción de Dios. Él no nos abandona. Valemos más que los pájaros del cielo (cf. Mt 6, 26). Por ello debemos saber que Dios está a nuestro lado y dispone los medios para conducirnos con sabiduría y amor hacia la santidad, es decir, a él.

El Catecismo de la Iglesia Católica define la divina providencia como «las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último» (CEC 321).

El padre Manuel Soria Agudo describe la divina providencia como un paracaídas que se despliega al saltar desde lo alto. Este salto no da miedo porque sabes que ese mecanismo evitará un daño grave. De la misma manera debemos confiar en la acción de Dios en nuestra vida, aunque no tengamos para comer, estemos en sufrimiento o angustia, o tengamos un proyecto que parezca imposible. Debemos saber que Dios estará con nosotros, pues nos llama a confiar en él y a abandonarnos en sus manos. Al poner nuestras vidas en sus manos, Dios puede ayudarnos a atravesar todo desafío y conducirnos en la prueba, para que nada nos aparte de nuestro fin último: la santidad. Así Dios será nuestro paracaídas: dirigirá, protegerá y salvará nuestra vida. Con esta seguridad, podemos vivir confiados en su providencia, sabiendo que el Señor está siempre a nuestro lado.

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