Mañana estará entre nosotros; lo está cada día, particularmente cuando decimos o escuchamos su nombre durante la Plegaria Eucarística y cuando pedimos por él y sus intenciones en el rezo del Rosario. Les invito a que hagamos un esfuerzo que dure siete días. Contemplemos el programa oficial y descubramos el propósito pastoral que hay en esas veinte presencias, en cada palabra de cada discurso. Es legítimo preguntarse qué dirá y qué hará, qué me dice y cómo me dejo yo afectar por sus palabras y sus gestos… En 250 palabras no puedo decir casi nada, pero sí puedo pedirles su atención, su afecto, su apoyo, su consideración y su respeto por el Sucesor de Pedro. Manifestemos nuestra alegría y nuestra adhesión. Porque nosotros somos del Papa, no de este o de otro Papa.
Ya teníamos muchas pistas por las palabras y gestos del año que lleva al frente de la Iglesia, ya tenemos más claridad –con Magnifica humanitas– para vislumbrar el programa pastoral del pontificado, pero ahora con estos días en España conoceremos de primera mano sus preferencias, sus deseos y sus intuiciones pastorales para la Iglesia que peregrina en España. Me genera expectativa. Analizando atentamente el programa, uno ve mucha Iglesia en salida, diálogo con todos, una Iglesia que acoge y sirve a los pobres, pero también ve centralidad eucarística, piedad mariana… Sin duda, España es mucho más que Madrid y Barcelona, pero gracias de corazón por visitar las islas.