Movimientos y asociaciones laicales de la Diócesis de Cartagena celebraron ayer Pentecostés junto al obispo, y compartieron su actividad en una feria en el Palacio Episcopal.
Quien en la tarde de ayer entrara al patio del Palacio Episcopal se encontraría con una sonrisa, un vaso con café y una invitación a pasar al interior, donde, en una serie de stands, varios movimientos y asociaciones laicales mostraban su carisma y qué labor llevan a cabo para dar a conocer a los demás el amor de Dios. Una actividad llevada a cabo con motivo de la fiesta diocesana de Pentecostés, que es también el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, y que cada año reúne a asociaciones y movimientos en torno al obispo.
En esta ocasión se organizó en primer lugar esta feria en la que participaron una representación de movimientos y asociaciones laicales con presencia en la Diócesis de Cartagena: el Movimiento Consolación para el Mundo, la Juventud Estudiante Católica, la Hermandad Obrera de Acción Católica, Hakuna, el Movimiento Sacerdotal Mariano, la Renovación Carismática Católica, Acción Católica General, Scouts Católicos, el Centro Loyola de la Compañía de Jesús, los Equipos de Nuestra Señora y el Movimiento de los Focolares. Desde sus stands, atendieron a quienes se interesaron por las iniciativas de apostolado que llevan a cabo y, posteriormente, compartieron un momento en el que las asociaciones se presentaron una por una, poniendo en común sus diferentes carismas. Todo ello organizado por el Equipo Sinodal Diocesano.
A continuación, se celebró la Eucaristía en la Catedral, presidida por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes. La misa, a la que asistió un gran número de fieles, comenzó con una procesión de entrada en la que participaron dos representantes de los diferentes movimientos y asociaciones laicales, en señal de comunión.
En su homilía, el obispo recordó que el Espíritu Santo sigue enviando a la Iglesia: «Nuestra misión no es otra que llevar el corazón de Dios a todo el mundo; que todos tengan la extraordinaria oportunidad de conocer la misericordia de Dios en sus vidas y en las de todos, porque Dios sigue actuando de una manera eficaz». También exhortó a que el anuncio del Evangelio sea fruto de una interiorización: «Hagamos nuestra la Palabra de Dios, dejemos que entre al fondo de nuestro corazón, porque toda Palabra de Dios que es predicada y anunciada es necesario recibirla antes en el interior, y después hacerla vida».
También destacó cómo el Espíritu Santo conduce a la unidad. «Esta tarde en el patio del Obispado hemos visto que hay diversas motivaciones para seguir a Jesús, diversos carismas, movimientos, asociaciones, pero todos buscamos lo mismo; todos buscamos al mismo: al Señor, que es más grande que nosotros»; y también exhortó a, con el Espíritu Santo, buscar siempre la comunión, la escucha, el diálogo. «Sigamos tendiendo la mano a la gente, crezcamos en fraternidad y sigamos construyendo la casa común, recordando nuestra vocación, que no es otra sino el amor».