Amor, amor, amor

«El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él» (Jn 14, 21). Es curioso cómo a la humanidad nos cuesta tanto comprender y vivir en su profundidad estas simples palabras de Jesús. El mensaje es claro: el que deje que el amor lo inunde, será amado por Dios Padre y por el Hijo y él se manifestará en la persona. Es decir, el ser humano será más como Jesús de tal forma que será un reflejo de él porque se ha hecho uno con Jesucristo. Este mismo mensaje es el que le transmite Jesús en una confidencia a la Madre María Luisa Zancajo cuando le dice: «No en otra cosa está el secreto de la santidad que en el amor a mí» (Confidencias del 4 de junio de 1949).

Si recogemos todas estas palabras y todas estas enseñanzas, nos queda claro algo: como seres humanos debemos centrarnos en una cosa, en amar en todo momento y en toda circunstancia. Esto quiere decir que, en el sufrimiento, en la alegría, en la enfermedad, en el dolor, en la tristeza… debo amar y vivir todo ello desde el amor. Pero además he de saber que debo vivir por amor sabiendo perdonar y comprender desde la misericordia al otro. Pues solo por amor se puede perdonar de verdad, solo desde el amor puedo coger mi miseria y la de otra persona y presentárselas al corazón de Jesús para que las transforme en más amor y más virtud.

Seamos conquistados por el amor de Dios, para que sea él el que nos lleve a su vida eterna.

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