La resurrección de la carne

«Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6, 40).

De las verdades que nos habla aquí Jesús nos centraremos en la resurrección en el último día. Pero ¿qué es resucitar? «Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la resurrección de Jesús» (CEC 997). Es decir, la Trinidad llevará a cabo una unión de alma y cuerpo en el hombre en el último día, lo cual permitirá vivir dentro de Dios sin que la persona sufra una separación de ambas. El cuerpo tendrá la condición de glorificado y de incorruptible, lo que significa que, aunque es el mismo que tenemos en esta vida terrena, no tendrá exactamente la misma apariencia, al igual que pasó con Jesús (Lc 24, 36-39).

Se debe distinguir la resurrección del alma, que ya se da en el momento de la muerte de la persona, de la del cuerpo, la cual se dará en la parusía. Esta glorificación e incorruptibilidad del cuerpo se realizará por los méritos de Jesucristo. Esto último quiere decir que Jesús al ser la primicia de todo y el Cordero inmolado que se ofreció libremente y desde el amor por nosotros, lo que en él se dio, en nosotros se dará, en su debido momento.

¿Quién resucitará? Todos los hombres, aunque unos para la resurrección de vida y otros para la de juicio (Jn 5, 29). Esto quiere decir que todas las personas participarán de la condición incorruptible, pero participarán de esta resurrección de vida de la carne las que vivan desde el amor de Cristo.

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